“Es grato y reconfortante saber que pudiste estar en el momento y a la hora cuando te necesitan y resolviste algo rápidamente”, dice el médico Jaime Arturo Álvarez Pech, quien en su consultorio particular de la calle 35 entre 28 y 30 de Seyé atendió el domingo 12 a unos 150 vecinos que se intoxicaron al desayunar cochinita contaminada con clembuterol.
“Yo pensé y actúe con lo que veía. Gracias a Dios, la gran mayoría de los pacientes ha estado evolucionando favorablemente. Algunos han venido de nuevo a la consulta, los checo y ya no tienen la presión alta, la taquicardia, ya solo es la crisis de la ansiedad, con calma lo van a resolver.
“Me queda la sensación que hice algo bueno, que el cansancio de ese día terminará con un descanso que ya llegará”, expresa.
“Ahorita termino las consultas de aquí (en Seyé) y me estoy yendo al Seguro Social de Acanceh, donde trabajo y tengo una lista de 24 pacientes. Termino mis consultas del IMSS a las 7 o 8 de la noche, hago el papeleo, salgo a las 8:30 de la noche y regreso al consultorio de Seyé para continuar la atención de pacientes”, indica.
Narra que los domingos atiende el consultorio de Seyé de 10 de la mañana a 12:30 del día. Ese domingo 12 terminaba de atender al último paciente cuando llegó presurosa una mujer y le dijo: “Doctor, será que me pueda esperar un rato, están trayendo a mis hijos, están temblando mucho”.
Cuando llegaron les hizo preguntas de rutina: qué sentían, qué les pasó, qué comieron. La intoxicación por comer algo en mal estado causa vómitos, diarrea, calentura y ronchas, pero esos pacientes “venían temblando, con taquicardia, presión elevada, dolor de cabeza y entre otros malestares”.
La atención fue individual al principio porque debió medirles la presión arterial y otros signos vitales, pero cuando se concentró la gente, pasó familias de cuatro o cinco al mismo tiempo y empezó a recetar.
Se acabó la dotación de medicamentos que tenía en su farmacia y la de las otras farmacias de Seyé.
Las pacientes preguntaban si atendería a todos para que se queden en la fila. Como respondió que hasta al último porque pensó que irían 20 como máximo, la gente llenó sus dos antesalas y formó larga fila en la calle, así que se cerró esa vialidad.
“Atendía a las personas cuando de repente llegó un policía, entró y me preguntó de una supuesta intoxicación masiva. Le dije que no podría decir sí o no, solo que estaba viniendo mucha gente a consulta. El policía me dijo que nadie le quiere dar datos, entonces interrogué a una paciente frente a él y corroboró que la intoxicación la causó la cochinita.
“Cuando abrió la puerta para salir, vi la cantidad de gente que estaba en el consultorio”, expresa.
Calcula que dedicó de 5 a 10 minutos a cada paciente y no vio pasar el tiempo porque vio la desesperación de la gente, llanto y vómitos de niños, jóvenes y mujeres, así que se concentró en atenderlos y dar recetas y recomendaciones para que baje su intoxicación.
“He atendido a personas con asma y les receto clembuterol, lo manejamos para una crisis asmática, nebulizas al niño y le das su jarabe y vuelve a la tranquilidad.
“Hay niños que ya conocen los efectos de este medicamento y no se asustan; la temblorina es parte de la reacción del clembuterol.
“No tengo experiencia en el manejo de una intoxicación con clembuterol, pero me acordé que había escuchado algo que le ocurrió a la selección mexicana y receté Metropolol y pastillas para la hipertensión, pero estos medicamentos se gastaron rápido, la gente que compró empezó a compartirlos con otras o los fue a comprar a otro lugar porque en Seyé ya no había.
“Afortunadamente no envié a nadie grave al hospital, salvo una mujer embarazada porque con una embarazada y el producto es mejor que la tranquilicen en un hospital, le pongan su suerito y la monitoreen si tiene taquicardia y presión alta. No es que ella esté grave o esté naciendo su bebé, es por seguridad de ella”, detalla.
El doctor seguía dando consultas cuando regresó la patrulla y llegó la alcaldesa de Seyé, Diana Isabel Dzul Leo, y le preguntó qué necesitaba para la gente que atendía. Le informó que ya no había medicamentos, le dio las cajitas vacías y ella le dijo: “Ahorita veo cómo los consigo”.
Ayuda estatal nocturna
Luego llegaron paramédicos de la SSP a su consultorio (eran las 8 de la noche) y empezaron a tomar la presión, checar signos vitales de la gente y se agilizó la atención de los intoxicados, a quienes él escuchaba decir sus síntomas, les recetaba y daba indicaciones.
Alguien de la fila avisó que ya habían llegado camionetas de salubridad, ambulancias, paramédicos y doctores, y que ya había abierto el módulo (del programa estatal) Médico 24/7. Entonces unos enfermos fueron al módulo y al consultorio que se abrió en Palacio Municipal.
A su consultorio llegó una pasante de medicina del IMSS y le preguntó si llevaba un control de pacientes.
Por la urgencia de la gente, no escribió una lista de los pacientes con sus datos y por eso no sabe con precisión a cuántos atendió. Calcula que atendió a unos 150 intoxicados de 12:30 del día a 9:30 de la noche, cifra récord en su trayectoria profesional.
Su tarifa es de 40 pesos, así que la atención de la emergencia comunitaria le generó unos 6,000 pesos.
Tan solo en el Consultorio Médico Álvarez, el IMSS en Acanceh y el consultorio habilitado en Palacio fueron atendidos unos 500 intoxicados con la cochinita, informó el lunes el Ayuntamiento de Seyé. La cifra no incluyó a los atendidos en la ciudad de Mérida.
“Bendito Dios que se resolvió, me queda la satisfacción de estar aquí, de haber cumplido o tratado de cumplir y tratar de ayudar a los que pude.
“Aquí sí atendí al último paciente, no me fui; me paré de mi silla cuando me dijo una señora que era la última”, recuerda.
Hace unos meses atendió otra intoxicación masiva en Seyé, pero no se compara con la del domingo 12 de junio.
“En ese caso fue intoxicación con alimento malo. Vinieron con vómito, dolor de cabeza y diarrea, no fue aceleración del ritmo cardiaco. También fue un domingo y habré visto a 25 o 30 pacientes; no fue masivo y fue por consumir comida china.
“En el caso de este domingo la cochinita estaba en buen estado y buena de sabor, eso me dijeron las pacientes, pero luego que la comieron se empezaron a sentir mal, la materia prima es la que venía modificada”, indica.
También recuerda aquella vez cuando llegaron masivamente enfermos de zika. Fueron bastantitos, pero no se compara con los intoxicados por la cochinita, sostiene.— Joaquín Chan Caamal
