Uno de los grandes errores al realizar la poda de un árbol es no tomar en cuenta sus dimensiones y su estado, lo que puede causar inestabilidad y daño a su salud, señala el biólogo Juan Carlos Chab Medina, profesor de la Facultad de Arquitectura de la Uady.
“Es como si se le hicieran heridas abiertas al árbol, y es entonces cuando aprovechan los patógenos, como los cancros, hongos y bacterias para atacar la corteza de los árboles, lo cual causa desprendimiento, y también unas protuberancias que son como una especie de tumores para los árboles, lo cual debilita su estructura”.
A podar un árbol, no se deben cortar todas las ramas, ya que esto ocasiona el daño ya citado, “lo conducente es podar no más del 30% del tamaño del árbol, para garantizar la salud del mismo”, puntualiza.
La poda debe hacerse para saneamiento, aclaramiento y mejora de la arquitectura del árbol.
También afirma que si se recorre la ciudad se pueden observar muchos árboles en espacios reducidos, que por tal motivo sufren estrés hídrico que ocasiona un detrimento en su salud.
Un estudio realizado en 2018 en cuatro colonias de la ciudad: México, Alemán, Vicente Solís y Bojórquez, se encontró que el 80% de los árboles tiene estrés hídrico, ya que están suprimidos.
El biólogo indica que hay un elogio a las campañas de reforestación, “pero muchas veces no se guarda la distancia adecuada entre un árbol y otro, y esto unos años después genera supresión de los árboles que compiten por el espacio, lo cual causa debilitamiento”.
“Grandes árboles que se pueden ver en la vía pública como los algarrobos, la ceiba, pich y los laureles se encuentran en estrés hídrico, puesto que ocupan pequeños espacios, y los diámetros que tienen son de más de 3 m en su tronco, más la extensión de sus ramas que puede ser de 8 m o más”, apunta.
“La salud de los árboles se va debilitando, hasta que llega el momento en el que no resiste más y colapsa”.
Espacios
Cuando se plantan en la vía pública, como sucede en algunas avenidas de la ciudad, como Líbano, los árboles están estrés hídrico por el poco espacio disponible en los camellones, pero además las raíces son tan grandes y sobrepuestas, que forman los llamados “topes ecológicos” que pueden causar un accidente.
Ese tipo de árboles, enfatiza, no deben plantarse en la vía pública, sino en áreas mucho más grandes, como los parques y siempre hay que tomar en cuenta el tamaño que el árbol puede llegar a tener, para dejar el espacio adecuado entre uno y otro.
Si se planta un árbol que puede llegar a medir 10 metros de alto, hay que tomar en cuenta que la extensión de las ramas puede ser también de 10 metros, por lo que sería ese el mínimo indispensable de distancia para sembrar otra especie.
“De igual manera se debe tomar en cuenta el sitio de colocación para que a futuro no alcance el cableado o las luminarias que pueda haber en la zona, pues sucede que cuando se omite esto, las ramas se enredan en los cables y luego acude la empresa respectiva a podar los árboles de manera indiscriminada, sin tomar en cuenta los aspectos ya citados”.
Los árboles muy grandes, como los citados, y otros como el flamboyán y la lluvia de oro, son considerados de porte alto por sus dimensiones, y su tiempo estimado de vida es de más de 50 años; lo de porte mediano, tienen una vida media de poco menos de 50 años; y los de porte bajo, tienen una vida media de no más de 25 años.
El biólogo recuerda que en 2017 se decretó la Ley de Convivencia y Desarrollo del Arbolado del Estado, donde se plantean todas estas situaciones, pero hay un desconocimiento sobre el tema entre la población en general y, además, falta personal calificado que se encarguen de realizar la poda de los árboles.
