MÉRIDA.- “Por el número de casos que atendemos, puedo decir que en Yucatán predominan los abusos sexuales y el abuso contra niñas cometido por padrastros, papás, abuelos, tíos, hermanos…”, dice Adelaida Salas Salazar, representante en Yucatán del Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio.
“La violencia está en casa, pero no logramos hacérselo entender a la autoridad que dice: ‘compré una lancha rápida, ya puse cámaras y ya compré una avioneta para la seguridad’”, señala.
Adelaida Salas explica que Yucatán es un estado atípico donde, contrario a otras entidades, se puede caminar con seguridad en la calle hasta de noche.
“Es tan atípico, que las mujeres pueden caminar en las calles con seguridad, pero cuando llegan a su casa son golpeadas, violadas, abusadas… En la casa se sufre la violencia económica, la violencia física, la violencia psicológica, no en la calle”.
Este sábado 31 publicamos que en Baca, en un ataque de esquizofrenia y cegado por los celos, Manuel Basto E., de 78 años de edad, mató de un cuchillazo en el abdomen a su esposa María Candelaria Maza, de 72 años, en la mañana del viernes 30.
La noche anterior, como también informamos, “Chino Basto”, como era conocido el agresor, sostuvo una riña con su esposa, que ameritó la intervención de la Policía Municipal de Baca.
Adelaida Salas indica que muchas de esas violencias, si bien pueden derivar en un feminicidio, también pueden orillar a que una mujer se suicide.
“Es grave que en un estado que se supone que está bien y que tenemos bienestar y que somos lo mejor, y donde el gobernador se quiere ir de Presidente, haya esta cantidad de suicidios; pero es más grave la atención que se da en el (hospital) psiquiátrico”.
La activista comenta que no hay que perder de vista la cantidad alarmante de suicidios en Yucatán, y, sobre todo, cuántos de esos son mujeres. Solo en 2020, afirma, fueron 176 suicidios de mujeres.
La activista agrega que es bueno que haya una aplicación para prevención de suicidios, pero se pregunta en qué momento una mujer o una niña que se suicidará toma el teléfono. Y en el medio rural, principalmente en las comunidades donde se habla maya, continúa, es más complicado.
“Es ilógico que me digan: hay una ‘app’, y si me quiero suicidar entro a la ‘app’ y me darán atención. ¿En qué momento? Sí, las mujeres tienen teléfono celular, pero muchas veces no saben a dónde hablar, ni siquiera saben de la Casa de la Mujer”, enfatiza.— IVÁN CANUL EK
