Corría el año 1960 y se celebraba una edición más de las “carreras argentinas”, que no eran más que un buen motivo para la convivencia vecinal en el rumbo de Xcalachén.

Los participantes tenían que alcanzar y arrancar uno de los listones que colgaban en lo alto de una cuerda de alambre —cada uno tenía el nombre de las madrinas— para obtener un premio.

Uno de los premios más buscados era el buche relleno. Para alcanzarlo era necesario descolgar el listón con el nombre de “Rosita”, hija de Manuel David Rodríguez Sierra, propietario de la chicharronería “El rey David”.

Ese expendio fue durante muchos lustros el distintivo del rumbo, que marca la frontera entre el centro y el sur de Mérida. Con el paso del tiempo, la venta de chicharra —acepción yucateca del chicharrón— se convirtió en el motor económico de Xcalachén, que poco a poco vio crecer el número de chicharronerías.

De siete negocios de ese tipo que llegaron a operar en la zona, el número se redujo a dos —“La Lupita”, en el cruce de las calles 64 y 93, y “La flor de Xcalachén”, sobre la calle 95— y en 2017 se agregó uno más.

De nuevo el Festival de la Chicharra en Xcalachén

Como hemos informado, Xcalachén será nuevamente sede del Festival de la Chicharra, que se efectuó por primera vez en 2017 como un esfuerzo por rescatar las tradiciones de ese barrio meridano.

La sexta edición se efectuará el próximo sábado 15, de 11 a 17 horas, e incluirá actividades recreativas. También participarán chicharronerías de otros rumbos de la ciudad, como en años anteriores.

Hoy día, Xcalachén es blanco de una transformación, que incluye varios giros comerciales, pero la chicharra sigue siendo su emblema.

Las ventas de la chicharra alcanzaron auge de la mano de “El rey David”, expendio que durante muchos años fue el eje de la actividad económica en ese rumbo de la ciudad.

¿Cómo empezó el auge de la chicharra en Xcalachén?

Sin embargo, antes de “El rey David” —propiedad del señor Rodríguez Sierra, como señalamos líneas arriba— hubo otros chicharroneros en la zona que no tuvieron la misma fama.

La historia del matrimonio indisoluble entre Xcalachén y la chicharra nació en la primera mitad del siglo XX, cuando ese barrio marcaba prácticamente el final de la mancha urbana.

El señor Rodríguez Sierra era trabajador de una cordelería instalada en terrenos que ahora ocupa un fraccionamiento, frente al sitio donde se encuentra la estatua de Pedro Infante, en la calle 62.

En 1948, con la caída del henequén, la fábrica cerró sus puertas y don Manuel David viajó a Estados Unidos junto con otros compañeros para trabajar como bracero, en los campos de cultivo de Michigan.

Tiempo después regresó y, alentado por sus cuñados, entre ellos José “Pepe” Valdez Várguez, se dedicó a la venta de carne. Allí nació una leyenda.

De la venta de carne a la de chicharra

De acuerdo con su hija Rosa María Rodríguez Valdez, don David comenzó a vender en un local donde tiempo después funcionó una tortillería, en el cruce de las calles 95 y 64.

Después se trasladó a una tienda propiedad de Pedro Ruiz, donde hoy se asienta una paletería. Don Pedro le rentó un espacio.

Más adelante ocupó parte de una lonchería en la calle 95, hasta que finalmente adquirió un terreno aledaño a ese negocio, que con el paso de los años se transformó en “El rey David”.

Fue entonces cuando cambió la venta de carne por la elaboración de chicharra.

Creación familiar que se hizo famosa en Mérida

La chicharra de “El rey David” fue conocida en todos los rincones de Mérida e incluso en el interior del Estado. Fueron famosos su castakán, el puyul y, principalmente, el buche relleno, que fue creado por Elda María Valdez Várguez, esposa de don Manuel David.

En los años de bonanza, “El rey David” fue promotor de actividades y encuentros vecinales, en los que obsequiaba tacos y horchata. Así surgieron las “carreras argentinas”, que se realizaban cada 20 de noviembre, y se les agregaban el palo encebado y el cochino encebado, con la entusiasta participación de muchos jóvenes atraídos por los premios.

Don David falleció el 18 de octubre de 2010, en Mérida. Su esposa, doña Elda, dejó de existir el 5 de noviembre de 2012.