Al policía hay que mirarlo a los ojos, respetarlo porque lo que hace es un servicio, pero detrás de él hay una familia, hay miedo, hay fobias, hay historias, señaló Alejandro González Cussi, comisionado de Seguridad Ciudadana de Morelia, en su participación en la mesa panel “Modelo Nacional de Policía y Justicia Cívica”, que moderó la periodista Karla Iberia Sánchez en el Centro de Convenciones Siglo XXI.
“Será muy productivo tener un diálogo respetuoso con el policía porque eso genera confianza. Si no hay ese diálogo y confianza en los uniformados, no se construirá paz”, dijo el ponente, en el marco de la cumbre Sociedades de Paz Ch’abajel
En el panel participaron también Rodrigo Martínez Celis, exsecretario de Seguridad del Estado de México; Sophia Huett López, secretaria ejecutiva del Sistema Estatal de Seguridad Pública de Guanajuato, y Marco Cancino, experto en justicia cívica y modelo nacional de policía.
Los ponentes coincidieron en que este nuevo modelo nacional de policía ya lleva siete años en el imaginario colectivo, pero los gobiernos son muy malos para implementarlo. Entonces, ya es momento de dejar de decirle “nuevo modelo” y empezar a aterrizarlo y no cada tres o seis años escucharlo otra vez en el discurso político.
Simplemente se tiene que implementar lo que ya está escrito.
“Ya es momento de darle la vuelta a la página, dejar de pensar que falta voluntad política, ya no más voluntad política, sino aplicarlo por ley”, enfatizó Rodrigo Martínez, quien fue secretario de seguridad en el gobierno de Alfredo del Mazo.
“Las cosas se tienen que cumplir y una forma de estar obligados es que haya claridad, una legislación sólida que obligue a los municipios, estados y federación a cumplir este modelo nacional policial”, dijo.
Marco Cancino recibió aplausos del público cuando relató que como parte de su trabajo ha visitado más de 150 municipios y lo primero que hace en cada supervisión es visitar los baños y las instalaciones donde descansan los policías de la comandancia. Y allí se da cuenta de la falta de prioridad que representa para los ayuntamientos las policías municipales.
“Hay un indicador que aplico cuando visito un municipio para saber qué tan comprometida está la autoridad municipal con el policía”, contó.
“Voy directamente al baño de la comandancia, veo las condiciones en que viven los policías en la comandancia porque allí te están diciendo el nivel de prioridad que tiene en el gasto y las decisiones de la autoridad municipal. Quisiera ver a los alcaldes o alcaldesas usar ese baño o las instalaciones de descanso de los policías”.
El señor Cancino explicó que no todas las conductas requieren una detención y consignación a un juez cívico o penal porque se pueden resolver en el mismo lugar o en la calle donde ocurre.
También admitió que es fácil decir que se puede resolver un conflicto sin necesidad de la denuncia, pero el verdadero reto es aplicar esta mediación en los municipios porque las policías municipales tienen que hacer maravillas cuando tienen alguna intervención por las carencias que tienen.
“Cada vez que vamos a un municipio es como voltear la caja de legos y ver qué piezas tienes, hay escasez de piezas institucionales, de capacidades humanas y de recursos. Con toda esta carencia tienes que construir un nuevo modelo policial”, indicó.
Sophia Huett informó que en Guanajuato aplicaron la primera encuesta de autopercepción policial para conocer el nivel de satisfacción de los policías municipales y plantearon las preguntas: ¿qué les falta para que realicen un buen trabajo? y ¿por qué motivo renunciaría? El 70% pidió que la ciudadanía les diera su confianza y respeto. Y la primera causa de renuncia “no es por miedo a la delincuencia, sino por malos tratos de los mandos”.
“Esto ocurre cuando no hay un perfil de mando definido”, dijo la mujer, quien es policía desde hace 10 años. “Estos resultados nos permitieron clarificar cuáles son las necesidades de la corporación y conocer lo que sienten de la ciudadanía porque en las encuestas del Inegi le preguntan a la ciudadanía lo que piensan de la policía, pero no preguntan a los agentes”, afirmó.
Anécdotas qué compartir
Sophia Huett también contó anécdotas de lo que enfrenta una mujer policía en México. En sus estancias por cuestiones de trabajo en Ciudad de México acudió a restaurantes y para no sufrir discriminación o rechazo se cubrió con una chamarra el uniforme policíaco, pero una mujer que vio parcialmente su ropa de policía la miró con mucho desdén, lo que le causó incomodidad, por lo que se cambió de lugar.
Otro comentario desagradable y discriminatorio contra ella fue en sus redes sociales por su belleza física. Y precisó que no lo contaba por un sentido de vanidad, sino porque le duele que la gente piense mal de la policía.
Le escribieron que “cómo una mujer tan bonita como tú es policía”, “qué hace en seguridad una mujer bella”. Esas frases le dolieron porque quiere decir que las mujeres policías están estigmatizadas, que siempre deben desempeñar los mismos roles que han aprendido, quiere decir que no tiene derecho a vivir su vocación solo por la forma como lucen, por alguien que la juzga visualmente, cuando en realidad ella tiene el legítimo derecho de escoger su profesión.
“Mi condición de mujer ha limitado mucho mi desarrollo profesional porque habrá quien me diga que no es mi perfil, cuando creo, lo digo orgullosamente, que he demostrado resultados desde la posición donde he estado”, señaló.
“Esta discriminación nos pasa a todos. Habrá quien diga cómo si estudiaste en la universidad te vas a meter de policía, si creciste en un medio acomodado te vas a meter de policía. Sí duele que lo piensen y lo digan. Todos debemos darnos la oportunidad de respetar a los policías. Así como hay que verlos a los ojos, yo le agregaría que hay que darle los buenos días y las buenas tardes. Les puedo asegurar que las miradas de sorpresa de los policías se convertirán en gratitud y tendrán una atención especial para el ciudadano respetuoso”, finalizó.
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