• Durante la jornada de ayer era común ver a niños con globos en las calles del Centro de la ciudad, debido a que muchos negocios los obsequiaban con motivo del Día del Niño
  • Hubo quienes adquirieron las tradicionales piñatas para celebrar a los pequeños. A la izquierda, en algunos comercios los empleados se caracterizaron como personajes de película para recibir a los niños

Una colorida escena se vio ayer en el centro de la ciudad, con niños portando globos, dulces o pequeños juguetes, y es que ayer fue su día, por lo tanto en algunos negocios celebraron.

Quizá porque cayó entre semana o porque el pasado domingo muchos espacios de la ciudad de Mérida les dedicaron actividades, la celebración del Día del Niño en la capital yucateca, si bien no pasó desapercibida, para muchos comercios las ventas fueron de regulares a buenas.

Pese a esto, en las calles se podía ver a niños caminando de la mano de sus padres con algún detalle de celebración, ya sea globos, paletas, dulces, chocolates o pelotas inflables, no tanto juguetes y piñatas que en esta ocasión se movieron poco entre los compradores.

Quincena, altas temperaturas y problemas viales en el primer cuadro de la ciudad, derivados de los cierres de calles alrededor de la Plaza Principal de Mérida sometida a obras de remozamiento, fueron determinantes para que la jornada no cumpliera con las expectativas de los negocios.

Durante un recorrido por el centro de Mérida fue posible observar que en los negocios se esmeraron en decorar sus fachadas e interiores con elementos infantiles, vistieron a su personal como personajes de fantasía y superhéroes, ofrecieran mercancía rebajada dirigida al mercado infantil o llamaran la atención del público con alegres temas musicales.

También se pudo observar que en esta ocasión los padres de familia fueran un poco más reservados al momento de festejar a sus hijos: una ronda de helado, un pequeño juguete de plástico, por almuerzo una hamburguesa, pizza o comida china, fue el común denominador.

Algunos padres hicieron el esfuerzo de adquirir algún pastel, piñata y dulces para festejar más tarde, otros se tomaron la foto del recuerdo con alguno de los personajes con los que se topaban en alguna tienda visitada.

Tampoco faltaron los pequeños que recibieron un juguete de moda o el famoso broche de patito.

Los alrededores del mercado Lucas de Gálvez, la primera y segunda calle nueva y los portales contiguos al Museo de la Ciudad, fueron los espacios donde se pudo observar mayor actividad comercial.

Cómo se mencionó regalar globos, dulces y paletas a los pequeños, probó una vez más cuan feliz se puede hacer a un niño con tan solo un pequeño detalle. Los empleados apostados en la entrada de los establecimientos, obsequiaban a cuanto pequeño pasara por el lugar alguno de estos productos.

De igual modo quedó en claro que los llamativos y novedosos juguetes, tan deseados, a la vista y cercanos de la mano, en realidad están muy lejos de las posibilidades de los padres.— Emanuel Rincón Becerra

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