De nada sirve el trabajo de la Secretaría de las Mujeres (Semujeres), que se pusieron a chambear e impulsaron leyes en su favor, si cuando ellas van a denunciar se encuentran con que en el Centro de Justicia no reciben las denuncias de violencia sexual, señala la activista Adelaida Salas Salazar.
También resalta que la violencia contra las mujeres está muy relacionada con la violencia hacia niños, niñas y adolescentes.
Afirma que cuando la mujer decide denunciar y/o dejar a su violentador, aparece la violencia vicaria, le quitan a los hijos, la amenazan con que nunca volverá a verlos, y luego hay jueces incapaces y sin criterio que emiten resoluciones sin lógica en la que dejan a los hijos con padres que violentan a sus vástagos para hacer sufrir a su pareja.
Otras veces esos padres ni siquiera se encargan de los hijos que le quitan a su expareja, sino que los dejan al cuidado de otra mujer, de una nueva esposa, de la abuelita, de la tía, y muchas veces sufren violencia por parte de esas personas a las que se le encarga su cuidado.
Indica que las drogas y el alcohol influyen mucho en los casos de violencia familiar, sobre todo las primeras, que le han ganado terreno al alcohol.
Antes, recuerda, los casos de violencia familiar se daban por celos. El hombre llegaba a la casa y por alguna razón injustificada dudaba de la mujer y la golpeaba, muchas veces hasta matarla; otras veces llegaba borracho y golpeaba a su esposa.
Drogas complican más el panorama
Ahora las drogas hacen lo suyo, y no sólo en términos de este tipo de ataques. Afirma que el narcomenudeo está tan grave que hay niñas de 15 y 16 años que ya se han enviciado y se prostituyen por una pastilla, grapa o mariguana.
Adelaida Salas indica que hay padres que buscan lo mejor para sus hijas, a quienes internan en instituciones donde creen que estarán bien atendidas, pero no es así, ya que conoce el caso de una joven cuyos padres pagaban 15 mil pesos mensuales a la institución donde se supone le ayudarían a salir de las drogas, pero en lugar de eso era víctima de violencia sexual y psicológica, de manera que salió con más traumas del lugar.
Una propuesta que ha hecho junto con otras activistas es que el lugar que ocupaba el Caimede, que ahora está vacío porque se construyó la Casa Otoch, se convierta en un sitio en el que se pueda atender a niñas que han sido violentadas y golpeadas.
“Hay muchos casos en los que el violentador obliga a las menores a darles sexo oral a cambio de comida, por ejemplo, y muchos otros”.
Reitera que una de las principales violencias que han identificado en el seno del hogar es la vicaria, a la que le sigue la institucional del Poder Judicial.
“Te quitan a tu hijo. ¿De dónde agarra dinero la mujer para contactar a un abogado y tratar de recuperar al hijo que le quitaron?’”.
“Hay una violencia psicológica, sexual, física y económica sobre las mujeres, pero también una institucional. De nada sirve cuando vas a denunciarlos en la misma institución que comete la violencia”, señala.
Denuncia la falta de criterio y sentido común de muchos jueces que pese a escuchar a los menores decir que no quieren ir con su papá porque les pega, los regaña o abusa de ellos, mandan visitas obligadas al padre porque según su criterio hay que restaurar las relaciones familiares.
Confía en el nuevo gobierno en Yucatán
El incremento en los casos prenden las alarmas. Reitera que hay muchos que no se contabilizan, y otros en los que la misma autoridad desanima a las víctimas para poner la denuncia.
Como activista espera que el gobierno que entrará próximamente trabaje en las deficiencias que sobre este problema se tienen, que los jueces que se nombren no sean por ser amigos de alguien, sino porque tienen la capacidad de hacer un buen trabajo, entre otros aspectos.
Señala que una buena noticia fue la designación de una mujer en la Codhey, y asegura que en el poco tiempo que tiene la titular les ha ayudado en algunos casos de relevancia que eran apremiantes.
