María Elena Solís Osorio, de 60 años de edad, ha dedicado más de 30 años a su labor como comerciante en el mercado Lucas de Gálvez.
Para ella, el populoso centro de abasto en el corazón de la ciudad es una verdadera “escuela de la vida”.
Cada temporada su puesto se llena de productos que reflejan el espíritu navideño: desde focos hasta adornos y otros más que son del agrado de sus fieles clientes.
Detrás de estos artículos hay una historia de esfuerzo, sacrificio y superación que ha marcado su vida de manera profunda.
En entrevista, María Elena compartió que tras el fallecimiento de su esposo, tomó las riendas del puesto que él había manejado, algo que en su momento le pareció muy complejo.
La mujer relató que su experiencia en este céntrico mercado de la ciudad comenzó con la venta de verduras, sin saber absolutamente nada de cómo se gestionaba un negocio de este tipo en un lugar como lo es el Lucas de Gálvez.
“El mercado es la escuela de la vida. Acá te enseñan. Cuando llegué sentía que el mundo se me caería encima”, expuso al hablar de su experiencia en este mundo comercial que es cambiante.
También relató que cuando más complicada estuvo fue la primera vez que tuvo en sus manos la mercancía que vendería, ya bajo su entera supervisión y tutela.
El negocio no es solo ventas
“Me entregaron seis cajas de mango verde, mango oro, una báscula, y me enfrenté a la realidad de que el negocio no solo era vender, sino entender las tendencias, las estaciones, todo lo que implica estar en este mundo”.
A lo largo de los años, María Elena ha aprendido que, más allá de la venta, el mercado es un lugar lleno de historias de lucha como la de ella, con gente que a diario llega a este centro de abastos con la esperanza de lograr mejores ingresos y desplazar los productos que con esfuerzo producen o consiguen para ofrecerle a sus clientes y de la manera más fresca.
“Me enfrenté a una realidad que nadie cuenta, ver a las personas que no ven a las otras personas, hace falta esa mano que apoye, ese respeto que a veces no se recibe, sobre todo cuando eres mujer”, comentó.
La diferencia de trato entre hombres y mujeres en el mercado ha sido un reto constante para ella, pero nunca se ha dejado vencer por esta adversidad y ha luchado porque el trato sea igualitario, situación que todavía amerita seguir en esa empresa.
A pesar de los días difíciles, cuando las ventas no son las esperadas, María Elena continúa luchando por obtener los ingresos diarios para conseguir el pan de cada día.
“Tratamos de buscar unos centavitos para la sobrevivencia, me dio mucho trabajo enfrentarme a la vida, pero le doy gracias a Dios que estoy viva”, expresó.
Su mensaje a la sociedad es claro y directo: “valoren su trabajo, todo es bueno, siempre que sea honrado”.
Así, día tras día María Elena sigue enfrentando los retos de la vida en el mercado, enseñándonos que la perseverancia y la dignidad nunca se deben perder.
