La profesora Genny Guadalupe Carrillo Nieves en una protesta. Acusa a la Segey de hostigamiento y retención de su salario desde febrero de 2022
La profesora Genny Guadalupe Carrillo Nieves en una protesta. Acusa a la Segey de hostigamiento y retención de su salario desde febrero de 2022

A las renuncias obligadas en la administración del gobernador Joaquín Díaz Mena se suma el caso inédito de la profesora Genny Guadalupe Carrillo Nieves, con más de 40 años de servicio en el magisterio.

La suspendieron de sus labores docentes, la despojaron de su plaza y no recibe sueldo desde el 28 de febrero de 2022.

La docente relató que el anterior secretario de Educación en el gobierno del panista Mauricio Vila Dosal, Liborio Vidal Aguilar, la hostigó hasta el cansancio para que renunciara a su plaza magisterial que obtuvo cuando trabajó en Chiapas hace más de cuatro décadas.

El “amigo Libo” no consiguió su propósito y la sentó en una pequeña oficina adjunta a su despacho hasta que tramitó su baja en forma unilateral.

Con la entrada del nuevo secretario de Educación, Juan Balam Várguez, ahora con el gobierno de Morena, la maestra despedida tuvo leve esperanza de recuperar su plaza y sueldo.

El titular de la Segey le ofreció un trabajo distinto a la carrera docente y con menor sueldo al que tenía como directora de la primaria “Manuel Cepeda Peraza”, en la calle 20 con 33 de la colonia Chuburná, en Mérida.

Ella no aceptó porque su clave es de directora de una escuela primaria, no le especificaron qué trabajo realizaría y ganaría menos a su sueldo de maestra.

“No he dejado de trabajar, no he faltado, asisto todos los días al edificio de la Segey, donde me tienen confinada desde la administración estatal anterior”, contó en una entrevista con el Diario.

Me exigen mi renuncia voluntaria, quieren que les deje mi plaza, me dicen que me jubile, pero mis hijos no han terminado de estudiar. Además, la jubilación debe ser cuando una la decida. Eso es lo que estoy defendiendo”.

“Hay un oficio sobre la separación de mi trabajo como directora, pero no la respetan porque me han quitado mi plaza y no me pagan, aunque vengo a trabajar como los empleados”, subrayó.

“Es lo más terrible que puede pasar a una profesionista enamorada y comprometida con su trabajo de maestro. Llevo más de 40 años en el magisterio. Obtuve mi plaza desde el 1 de noviembre de 1982 en Chiapas, donde me mandaron a trabajar cuando salí de la normal”.

El secretario Balam Várguez ya la recibió dos veces en su oficina, pero todo es verbal y solo ofrece otra opción de trabajo, no resuelve de fondo su problema, que surgió en 2016 cuando asumió la dirección de la primaria “Manuel Cepeda Peraza”.

Esa plaza de directora estuvo acéfala durante siete años y cuando puso orden en el trabajo y la escuela se sublevaron padres de familia y profesores hasta que lograron su salida del plantel.

“Ya fui a la audiencia pública del gobernador (Joaquín Díaz Mena). Estuve horas esperando que me atienda y no me escuchó. Solo me piden paciencia, pero estoy en esta situación desde la administración anterior”, comentó.

“No soy de las maestras privilegiadas ni bendecidas por políticos, lo menos que espero como docente es respeto a mis derechos laborales y humanos”.

“Cuando llegó Liborio a la Segey pedí regresar a la escuela. Así empezó un hostigamiento laboral, agresiones verbales y la retención de mi sueldo”, narró.

La petición era que renunciara a mi plaza para que me paguen mis salarios, señaló. Preferí no acceder a la petición por la experiencia que he visto con otros maestros a quienes obligan a renunciar y no les cumplen, porque ni los jubilan y tienen que pepenar de oficina en oficina para que les paguen.

Ella aseguró que tiene clave de directora y decidirá cuándo se retirará del magisterio.

“El nuevo secretario me dio una propuesta y opción ayer. No es lo mejor para mí porque quiere que acepte un trabajo con menor sueldo y con un trabajo mayor sin definir”, informó. “Dije que no, que yo tengo una plaza y la función docente”.

“Si voy a hacer un trabajo debe ser acorde a mi preparación magisterial y de acuerdo con el salario que devengaba”.

Se le preguntó si pertenece al sindicato magisterial. Ella es afiliada a la Sección 33 del SNTE y en un principio el sindicato acordó con la Segey que respetarían todo el contenido del oficio de separación de funciones, pero luego el sindicato la abandonó y la Segey no respeta el acuerdo.

¿Cuál sería la solución?

“Con base en la legalidad, que me escuchen. No me han querido escuchar, me culpan de algo que no he hecho. Ya hasta me dieron de baja porque no firmé mi renuncia”, afirmó.

“Son ambiguos los discursos del gobierno porque dicen que practican el humanismo y son respetuosos de los derechos, pero solo son palabras. La plaza la gané en un proceso de selección y por mi trayectoria me la dieron”.

“Definitivamente no quieren que regrese al magisterio. Está bueno, no regreso, que me den trabajo y un sueldo acorde a mi clave magisterial”.

Asimismo, consideró que las presiones para que renuncie a su plaza es que “estoy grande”, “quieren que me jubile”, pero hay profesores con mayor edad que ella y no se jubilan ni los obligan. Va a la Segey en horario de trabajo, tiene improvisado un espacio donde escucha los problemas de los compañeros y los orienta con qué funcionario deben dirigirse y dónde están las oficinas de aquellos.

La profesora hace notar que falta un organigrama en la Segey para que los maestros sepan donde se dirigirán a resolver sus dudas y problemas. Ni siquiera hay letreros de las oficinas ni nombres de los funcionarios, “te pierdes en el edificio de la Segey”.

Cuando asumió el cargo, Balam Várguez ofreció una solución a su problema en dos semanas, ahora le pide paciencia para otra espera de meses. No hay nada escrito, todo es verbal. Y como son palabras no cree en los ofrecimientos.

Sin embargo, no dejará de luchar ni de asistir a su oficinita hasta que haya una solución a su petición: la devolución de su plaza magisterial, el pago de salarios suspendidos y un trabajo acorde a su clave docente.

La profesora Genny Guadalupe Carrillo Nieves señaló que no le pagan su sueldo porque la Segey argumenta que no está trabajando. Les muestra el oficio firmado entre ella y el supervisor ante la fe de un abogado de la dependencia, pero no le dan validez ni lo respetan.