La solución somos todos —Miguel de la Madrid Hurtado

Mucho se ha hablado del tema de una lacra en la política y en la sociedad como lo es la corrupción. Se ha llegado a tener tan presente que hasta se considera de forma metafórica que forma parte del ADN mexicano.

Se habla de las soluciones y a todas luces no se ha dado definitivamente en el clavo. Desde que tengo uso de razón he venido escuchando que dicha calamidad hay que frenarla o extinguirla, y se han creado organismos e instituciones con el fin de lograrlo, pero sin algún éxito.

En realidad da la impresión de que no solo no se ha extinguido sino que, al contrario, se ha recrudecido.

Es un problema de educación y cultura, es verdad, pero no es fácil e inmediata su solución.

Para empezar con el aspecto educativo recordemos que el ser humano desde su nacimiento es protegido por dos personas: sus padres.

Los niños imitan por algún motivo, de instinto animal supongo, todo lo que sus progenitores hacen inicialmente. Después a los maestros, pero luego a los amigos, entre los cuales existe de todo, unos que por decir un ejemplo, no tiran el ticket del cine o estacionamiento en la vía pública y otros que sí lo hacen, y de manera por demás natural.

En el caso de la política, donde es más dolorosa esta adolescencia, se llegó a acuñar la frase célebre de que “el que no transa no avanza”, induciendo a mucho mozalbete en escuelas de cuadros a tener este ingrediente negativo como parte indispensable de su crecimiento dentro de un organigrama.

Dicen que en los últimos años se ha combatido la corrupción como se barren las escaleras, de arriba para abajo, dando a entender que se ataca el mal empezando por la parte más alta de la pirámide social y política para ir bajando paulatinamente.

Estoy de acuerdo con este intento, pues la corrupción en su parte más alta es más costosa que la de abajo y además crea un efecto globo o cucaracha, desplazando la misma a otros agentes o terceros, es decir se multiplica.

Si se empieza por extinguir esta deficiencia del ser humano desde la parte de abajo de la pirámide, como podría ser entre los funcionarios públicos o privados de menor rango hacia los de arriba, de nada servirá si la cabeza administrativa o jerárquica es a todas luces corrupta. Casi como en los niños el efecto de imitación a lo que ven y “creen” correcto.

Si los líderes, jefes o el nombre que sea de cualquier dirigente de masas dieran el ejemplo, sería más fácil erradicar este terrible padecimiento. Como dijo en alguna ocasión un gran director de mi escuela secundaria cuando aumentaron la pena por violación: “El violador, en el momento de cometer el acto, no está pensando si la pena es grande o no”, es decir, se debe evitar que ocurra el hecho y no aplicar lo que hicieron, por ejemplo, lo españoles monárquicos al cortarles y exhibir las cabezas a los iniciadores de la Independencia de México, y exhibirlas en la Alhóndiga de Granaditas durante 10 años, y todo para dar un ejemplo, que no rindió buenos frutos, ergo la lucha independentista siguió y triunfó.

Es verdad que se deben atacar las causas, como dice el gobierno, pero eso lleva tiempo y “mientras la hierba crece la mula se muere”. Tampoco sería de la idea de utilizar métodos drásticos (aunque estén funcionando en estadísticas), como el de Bukele en El Salvador a costa de los derechos humanos, pues podría ser mal utilizado este antídoto encarcelando por ejemplo en algún momento a algún enemigo político bajo el simple hecho de la sospecha corruptiva, violando los principios básicos del derecho.

Debido a lo anterior muchos comulgan en gran parte con la idea de que los derechos humanos solo deben ser para los humanos derechos.

Hace ya muchos años, en referencia al problema de la corrupción, el lema de campaña de Miguel de la Madrid fue “La Solución somos todos”, el ingenio popular rápidamente lo sustituyó por el de “La corrupción somos todos”.

Se dice que tanto peca el que pide como el que da, pero el cohecho (pedir algo por parte de un funcionario público o privado, o a iniciativa de un ciudadano por ambición o desesperación económica) es más fácil tratar a través de las cabezas, dirigentes o funcionarios, que son los menos, que con los ciudadanos que son los más.

Tiene remedio a corto plazo, solamente es buscar ¿quién le pone el cascabel al gato? Debe haber varios.

Necesitamos erradicar esta lacra que tanto daña al mundo. Para empezar debemos de estar convencidos de hacerlo, empezando con nosotros mismos y lo que inculcamos en las juventudes. La familia es la base para iniciar, pues desde ahí irradiará de forma inmediata a toda la sociedad. Solo hay que dar el primer paso. Hoy es buen día.— Mérida, Yucatán.

condeval1@hotmail.com

Ingeniero, valuador, maestro en Dirección de Gobierno y Políticas Públicas.

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