Jesús Isaías tiene 10 años y está en riesgo de perder un riñón, pues a pesar de que ya ha sido diagnosticado con un absceso de Hutch en el uréter izquierdo, y que le han programado cuatro veces la cirugía que requiere, se la han cancelado una y otra vez por el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).

La situación resulta muy complicada para el niño y sus padres, los esposos Erika Ramayo Gómez y Víctor Aldana Tamayo, quienes experimentan sentimientos de frustración, coraje e impotencia ante la situación que pone en riesgo a su hijo de quedarse sin un riñón y requerir diálisis por el resto de su vida.

Así lo platica la madre del menor, quien cuenta que todo comenzó a mediados de 2023 cuando su hijo presentó infecciones urinarias recurrentes, “cada mes se me enfermaba”.

—Me decían que era del estómago, hasta que lo llevé con un nefrólogo y el médico me dijo que era infección urinaria, pero que había algo raro, por lo que le mandaron realizar una cistoscopia.

—Esto permitió ver que el menor sufre de reflujo vesicoureteral divertículo paraureteral de Hutch, que es una deformidad que ocurre desde el momento en el que el riñón se forma durante la gestación.

—Es como un globito en el uréter izquierdo, en el que se guarda la orina, por lo que si no se va seguido al baño, se producen bacterias y contaminan la demás orina, lo que hace que se produzcan las infecciones.

Esto también puede dañar el riñón, como ya ha ocurrido en el caso de Jesús Isaías, quien al hacerle un estudio nuclear se encontró que el riñón izquierdo ya tiene cicatrices, lo que significa que el tejido está muerto y ya no funciona al 100%.

A sus padres les dijeron que si sigue con esta condición sin la cirugía que necesita, el menor puede perder ese riñón y requerir de diálisis o un trasplante.

La madre del menor señala que por eso es tan preocupante y frustrante que les hayan cancelado cuatro veces la cirugía programada, además que resulta traumático para su hijo, pues dos de esas cuatro veces ya estaba en el quirófano y lo canalizaron para la operación, y repentinamente cancelaron el procedimiento.

Ella comparte que al principio acudieron a médicos particulares, pero cuando se les dijo que era necesaria la cirugía acudieron al IMSS, del que son derechohabientes, ya que no podían cubrir el gasto de la cirugía en una clínica privada.

Primero fueron al médico familiar, quien los canalizó al pediatra en el hospital Benito Juárez del IMSS, donde lo valoraron y ratificaron la necesidad de la cirugía, ya que el daño que tiene el menor está entre grado 4 y 5.

Le dieron dos opciones, operarlo en Mérida o en el hospital La Raza en Ciudad de México, y eligieron que fuera en aquí, en el lugar donde radican.

En abril de 2024 los mandaron a la UMAE para que el cirujano pediatra lo valorara y pasara al área de nefrología, pero en mayo les dieron otra cita con otra cirujana pediatra con subespecialidad en urología pediátrica.

Programación

Luego de algunos estudios, finalmente programaron la cirugía para el 15 de octubre pasado, ingresó a las dos de la tarde, lo canalizaron, y después de esto les dijeron que no lo podían operar porque el aparato de anestesia se había descompuesto, y así sin más le dieron el alta.

Lo volvieron a programar para ingresar el 13 de noviembre y realizar la operación el día 15, pero una semana antes le mandaron un mensaje de texto diciendo que se posponía la cirugía sin dar ninguna razón.

De nuevo, le avisan que la cirugía se ha reprogramado y que debía ingresar el 21 de noviembre. Después de varias horas de espera, valoran al niño para que todo esté listo para la cirugía que se hará al día siguiente. El 22 lo bajaron a quirófano a las 2 de la tarde, lo canalizan y a las 4:30 la doctora les avisa que la cirugía se va a cancelar, porque no le asignaron ayudantes. Ante esto, le quitan las agujas al menor y le dan el alta.

Para enero lo programan otra vez, pues diciembre es de vacaciones. La cirugía se supone que iba a realizarse el 29 de enero, pero el lunes 17 le avisaron que se iba a cancelar porque la doctora se reportó enferma.

Erika Ramayo señala que juegan con los sentimientos de su hijo, de su esposo y ella, por la preocupación que tienen ante la enfermedad del menor, lo que el niño tiene que pasar cada vez que están a punto de operarlo y le cancelan, y porque ella tiene que pedir permiso o vacaciones en el trabajo cada vez que lo programan, contratan a alguien para que la supla y luego cancelan la cirugía, con el consiguiente perjuicio para ella.

Ante esto, piden el apoyo y comprensión del personal a cargo del IMSS para que el menor pueda ser operado a la brevedad sin que otra vez les cancelen de última hora, pues esto puede significar la diferencia para que un niño, su hijo, pueda tener una buena calidad de vida y no depender de una diálisis.