Por décadas, las veletas han formado parte del paisaje yucateco, testigos silenciosos y giratorios del desarrollo de la región y elementos clave en la obtención de agua, sobre todo cuando no había bombas sumergibles y los paneles solares solo eran un sueño.
Aunque su uso ha disminuido conforme pasa el tiempo, todavía existen especialistas dedicados a su mantenimiento y fabricación, como Felipe Armando Pech Pacheco, quien ha dedicado 40 años de su vida a este oficio y labora en Veletas Rejón, negocio ubicado en el número 290 de la calle 71-A entre 14 y 16 de la colonia Azcorra, de los pocos talleres en Mérida que fabrican estos instrumentos en el estado.
En entrevista con el Diario, recuerda que en su infancia se involucró en el mundo de las veletas. La primera que construyó fue hace 20 años y sintió mucho orgullo, sentimiento que todavía perdura, ya que con este trabajo ha podido sacar adelante a su familia.
“Mi papá fue compadre del dueño del taller y me trajeron a trabajar. Empecé lavando piezas llenas de aceite y pintando estructuras, hasta que aprendí a fabricarlas por completo”, relata.
Historia de la veleta en Yucatán
Las veletas llegaron a Yucatán a finales del siglo XIX. La primera se instaló el 30 de marzo de 1880 en el predio de la familia Crassemann, de origen alemán, por el rumbo del Centenario, lugar que hoy es un supermercado.
En aquel entonces, la manera más común de extraer agua de pozo era con un carrillo, soga y cubeta, así que las veletas se volvieron, hasta cierto punto, esenciales. Se calcula que en la primera década de 1900 había en Mérida alrededor de 20,000, al grado que fue conocida como la “Ciudad de las Veletas”.
Sin embargo, la utilización de estos instrumentos disminuyó con la llegada del agua potable y, más adelante, de las bombas sumergibles y los paneles solares.
“Antes, en las casas y los ranchos era común ver una veleta funcionando. Hoy en día, su uso ha bajado, lo atribuimos por el cambio climático que está trayendo más huracanes seguidos y mucha gente tiene miedo de tener una veleta”, explica Pech Pacheco.
Rememora que con el paso del huracán “Isidoro” en septiembre de 2002, muchas veletas de la ciudad cayeron y los dueños ya no consideraron repararlas.
A pesar de esto, aún se siguen utilizando en algunos ranchos y granjas porque no requieren energía eléctrica para su funcionamiento.
En la ciudad son pocas las viviendas que conservan todavía sus veletas, pero en muchos casos como elementos decorativos.
El principio de función de una veleta es sencillo, aunque ingenioso, dado que aprovecha la energía eólica para accionar un sistema de engranajes que convierte el movimiento giratorio en un bombeo de agua desde el subsuelo hacia un tinaco.
“No utiliza electricidad ni gasolina, es energía limpia y renovable”, destaca el experto.
Tipos de veletas
Existen dos tipos principales de veletas: aceitable e inaceitable. La primera requiere mantenimiento constante, con aplicación de aceite cada tres semanas o cada mes, dependiendo de su uso. La segunda cuenta con un sistema sellado que solo necesita cambio de aceite anual.
Las veletas estándar fabricadas en el taller, donde el entrevistado trabaja, miden 12 metros de altura y tienen aspas de ocho pies de diámetro. Su capacidad de extracción es de aproximadamente 2,000 litros de agua por hora con vientos de 10 km.
“El mantenimiento es sencillo: cambio de aceite y de empaques de cuero. Lo costoso es repararlas después de un huracán”, dice.
Una veleta completa, con instalación incluida, ronda los $50,000 y, con los cuidados adecuados, puede durar toda la vida.
Pech Pacheco ha viajado a diversos estados como Campeche y Tabasco para instalar y reparar veletas.
“Este trabajo me ha permitido mantener a mi familia, darles estudios a mis hijos y hacerme de una propiedad”, comenta con orgullo.
Para él, las veletas no solo representan una tradición, sino también un medio de vida que espera continuar por muchos años más.
Hay pocas veletas que todavía continúan girando en algunos rincones de Yucatán, recordándonos una era en la que el viento era suficiente para obtener agua y sostener la vida cotidiana.





