Este miércoles 2 de abril se cumplen 20 años de la muerte del papa Juan Pablo II, quien tuvo un gran cariño por México, donde realizó cinco visitas, una de ellas a Yucatán en agosto de 1993.
En estas tierras del Mayab aún es recordada con cariño esa visita del ahora Santo, a pesar de que ya pasaron 31 años.
Huella imborrable de la visita de Juan Pablo II a Yucatán
Diario de Yucatán publicó algunos testimonios de la huella imborrable que dejó el Papa polaco, como el que te ofrecemos a continuación:
En el mar de yucatecos emocionados que bañaban los costados de la avenida Itzaes, en Mérida, estaba la familia Gómez Escalante, desde la abuela Pilar Escalante Escobedo de Gómez hasta la bebé Belén Montero Gómez en brazos de su madre, Lourdes Gómez.
En la conocida esquina de “La Gatita Blanca”, en la confluencia de la calle 69, los corazones se aceleraron cuando apareció al papamóvil con Juan Pablo II rumbo al aeropuerto de Mérida, al final de su visita a Yucatán.
Sinaí Gómez Chacón, hoy de 25 años, se emocionaba también y con la voz de bebé gritaba: “Viva Papa”, y aplaudía.
“La emoción se desbordó en llanto de alegría y gratitud. Lo vimos sólo unos instantes pero la impresión quedó para siempre”, recuerda Pilar.
¿Cuándo visitó Yucatán Juan Pablo II?
En su tercera visita a México, Juan Pablo II estuvo en Yucatán 11 y 12 de agosto de 1993, después de una escala en Jamaica.
En Izamal coronó a la Virgen de la Inmaculada Concepción ante indígenas de la región, a quienes entusiasmó con: “Ustedes son la sal de la tierra y la luz del mundo, son palabras que el Señor dirige a vosotros”.

Ahí Primitivo Cuxim Caamal, de sangre maya, pronunció un discurso de agradecimiento.
En Mérida, el Papa celebró una misa multitudinaria en la explanada de Xoclán, donde se congregaron un millón de feligreses de toda la Península.
El arzobispo Manuel Castro Ruiz fue su anfitrión y lo acompañó en todo momento.
El distinguido visitante se alojó en el Seminario Conciliar y convivió con sacerdotes, seminaristas y religiosas. También convivió con familias e incluso comió en casa de una de ellas.
Antes de unos momentos de oración en Catedral, visitó el Palacio de Gobierno y tuvo encuentros con las autoridades civiles: el presidente Carlos Salinas de Gortari, la gobernadora Dulce María Sauri y el alcalde interino Vicente Flores Contreras (Ana Rosa Payán Cervera se encontraba de licencia).
Atribuyen a Juan Pablo II en su visita a Yucatán
“Seguimos por toda la visita por la televisión. dice Pilar. “Ocurrieron muchos milagros. Doña Charito, una vecina que tenía cáncer de piel, fue a ver al Papa y regresó feliz. A la siguiente consulta los doctores se sorprendieron pues detectaron que ya no tenía nada”.
Michelle de Jesús Gómez Chacón, de 23 años, estaba por nacer y hoy se siente agradecida de que la bendición que recibió aquella vez su familia sigue dando frutos.
Su padre, José Juan Gómez Escalante, hermano de Lourdes, recientemente “volvió a nacer” y lo debe en gran parte a la fe de la familia fortalecida por la presencia de aquél visitante.
Estaba desahuciado, pero se recuperó
Pilar cuenta que precisamente el rezo del rosario, que tanto recomendó Juan Pablo II en su visita, le devolvió a su hijo después de grave enfermedad que lo mantuvo moribundo tres meses en el hospital.
Belén, hija de Lourdes, tenía 5 años, y su mamá la mantuvo junto a ella y la alzó para que viera al papa. La joven ahora acompaña a su tío al médico.

En toda la familia quedó una huella, un recuerdo especial y una fe fortalecida que les permite hacer frente a cualquier adversidad, según se puede comprobar al platicar con ellos.
Lourdes recuerda que vino mucha gente de los pueblos, a ella le tocó convivir con familias de Tizimín y Progreso.
Marcela Chacón Mena de Gómez está convencida que los frutos de aquella experiencia aún perduran en la familia, especialmente en la curación de su esposo.
Aquel amor al rosario que Juan Pablo II infundió en la familia se convirtió en fuente de fortaleza.
Juan Pablo II en Yucatán: “algo especial ocurrió ese día”
Pilar Escalante está convencida que algo especial ocurrió aquel día. Se sorprende de que pudo sobreponerse a una lesión fuerte del pie y estar en la valla cuando el Papa pasó dando la bendición.
“Eran las 3 ó 4 de la tarde. La gente fue un día antes a hacer guardia. Yo fui el mero día, por mi pie hinchado. Sentí una gran emoción, un amor hacia él y hacia Dios. Nunca había sentido algo así”.
“Con sólo verlo pasar sentí algo que no se puede explicar. Algo maravilloso. Sentí la presencia de Dios”.
“Y no sólo yo. Un niño de 3 años que tenía leucemia se curó, luego se supo. Al pasar el Papa le tocó la cabecita”, relata la vecina de la calle 80 con 71 del barrio de San Sebastián.
“Muchos tuvieron el privilegio de tocarlo, a mí me tocó el alma. Todo el tiempo que estuve aquí no dejé de verlo, de escucharlo. Yo siento que con su visita todo Yucatán quedó bendito. Nos contagió su amor a la Virgen”.
“Antes de la visita leí en el Diario toda su vida, desde que estaba bebé, luego niño, adolescente y joven, le tocó la época de Hitler. Se guardaban en lugares subterráneos para escapar de los soldados nazis. Dios lo salvó porque tenía una misión especial, servir a la Iglesia, primero en Polonia y luego como Papa”.

Fuerza sanadora de Su Santidad
Pilar Escalante quedó impresionada con la fuerza sanadora de Su Santidad.
“Muchos sanaron y siguen sanando por él. Cuando llegaron sus gotas de sangre a México también sanaron a bastantes. Me convertí en devota de él desde que llegó y por él rezamos todos lo días el rosario”.
Pilar le oyó decir a Juan Pablo II: “No hay nada que la Virgen le pida a su hijo que no se lo conceda”. Y lo comprobó. “Yo le pedí que me devolviera a mi hijo, que estaba desahuciado. Yo tenía miedo pero recurrí al Señor de la Misericordia, por medio de la Virgen y el Papa”.
“Hicimos cadenas de oración, hasta con hermanos separados de otras religiones. Cuando los doctores vieron la recuperación de mi hijo, uno de ellos dijo ‘¡Caramba, esto es un milagro!”.
