La paternidad sigue vinculada con la fuerza y el sustento económico, pero detrás del papel de proveedor se oculta una complejidad emocional que muchos hombres atraviesan en silencio cuando se convierten en padres, señala el psicólogo Gilberto Palma Morales, maestro en Terapia Familiar y de Pareja.
Las consecuencias de no expresar lo que se siente pueden ir más allá del malestar emocional.
Palma Morales menciona el concepto de enfermedades psicosomáticas, es decir, trastornos físicos que tienen origen emocional.
“Son cosas que no hablamos, que nos guardamos, y que luego se convierten en dolores físicos. La mente y el cuerpo están profundamente conectados”, apunta.
La buena noticia, dice, es que cada vez son más los hombres que se atreven a buscar ayuda, que se sientan frente a un terapeuta y hablan de sus miedos y preocupaciones.
“La mayoría de mis pacientes son mujeres, pero los hombres ya están comenzando a venir. Comienzan a hablar de lo que sienten, de su rol como padres y como pareja”, asegura.
Para Palma Morales, el primer paso hacia una paternidad más saludable es reconocer que hay cosas que no están bien, y para ello la terapia es una opción valiosa, pero no la única, pues “la vida misma puede ser terapéutica”.
“Una vez que las reconozcamos, pudiéramos trabajarlas, y trabajarlas de la manera que fluya más para cada quien, o sea, a través de una terapia, a través de una conversación, a través de, incluso, cuestiones religiosas, grupos de autoayuda, etcétera”, recalca.
