• Con tres décadas de entregar las noticias en impreso, Trino Zúñiga Meza se volvió voceador del Diario por su cuñado en Chuburná
  • Victoria Acereto Huchín afirma que es voceadora “desde el vientre de su madre”, noble labor que ha transmitido como herencia familiar

Después de seis semanas y seis entregas, llega el final de esta serie especial dedicada a los voceadores del Diario de Yucatán, quienes por décadas han sido el rostro y la voz del periódico en las calles, mercados, esquinas y colonias de la ciudad.

Con sus relatos quedó claro que detrás de cada ejemplar vendido hay una historia de constancia, afecto, sacrificio y pertenencia.

En total fueron 23 testimonios que dieron vida a esta serie: hombres y mujeres que han dedicado años —algunos más de medio siglo— a llevar la noticia en mano y con voz propia.

La última entrega presenta dos historias que no solo cierran el ciclo, sino que reflejan lo que ha significado ser parte del Diario de Yucatán durante sus 100 años de historia: compromiso, identidad y orgullo.

Trino Zúñiga Meza, con 35 años de trayectoria, comenzó en este oficio por una oportunidad familiar.

Su cuñado Jorge Cabrera, también voceador, se enfermó y le ofreció uno de sus puntos en Chuburná. Él aceptó y desde entonces no ha faltado a su esquina.

Hoy, aunque ya está pensionado, sigue vendiendo el periódico todas las mañanas. Ni los huracanes ni las lluvias han sido impedimento, porque si hay Diario, ahí está él, cumpliendo su labor.

A pesar de la baja en ventas por la digitalización, Zúñiga Meza sigue porque le gusta convivir, porque el puesto le da sentido y porque —como él mismo lo dice— “uno no se muere de hambre si le echa ganas”.

También considera un orgullo formar parte del centenario del Diario y se siente parte esencial de la cadena que conecta la información con el lector.

No halla una palabra exacta para describir qué significa ser voceador, pero afirma sentirse contento y eso, para él, es suficiente.

Por su parte, a sus 80 años, Victoria Acereto Huchín afirma con humor y certeza que ha sido voceadora “desde el vientre de su madre”.

Su historia comenzó ayudando a su mamá desde los siete años en el mercado Lucas de Gálvez, y con el tiempo, transmitió el oficio a sus propios hijos, consolidando una tradición familiar que ya suma tres generaciones.

Doña Victoria recuerda cómo en sus inicios había que pelear por el mejor lugar y los primeros ejemplares.

Aunque dejó de vender hace algunos años, su memoria sigue viva con anécdotas que marcaron época, como la venta masiva tras el fallecimiento de Pedro Infante, cuando apenas tenía 13 años.

Un oficio de respeto

Aquella vez, la gente hacía fila para tener el ejemplar que informaba la trágica noticia.

Hoy, siente que los voceadores han ganado un reconocimiento que antes no tenían. Lo que antes se decía con desprecio —“la diarera”— hoy se dice con respeto. Por eso, cuando piensa en una palabra que resuma su historia como voceadora, doña Victoria responde con seguridad: “orgullosa”.

Con esta entrega concluye una serie que ha retratado los rostros y las voces que durante décadas han hecho posible que el Diario de Yucatán llegue a manos de sus lectores cada mañana.

Veintitrés voceadores compartieron su historia, desde quienes comenzaron por necesidad o por legado familiar, hasta quienes convirtieron la esquina en su punto de encuentro con la comunidad.

En sus palabras hay sabiduría, en sus trayectorias, constancia, y en su trabajo, un compromiso que ha sido esencial para construir la historia del Diario de Yucatán.

A todos ellos, el Diario expresa su más profundo agradecimiento. Su labor no es solo la de vender un periódico: es la de mantener viva la relación entre la noticia y el lector, con voz propia, día tras día.

Gracias por caminar junto al Diario durante estos 100 años, y por seguir, con ejemplar entrega, escribiendo nuevas páginas de esta historia.

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