Reparación de una fuga de agua en el barrio de Santiago, en 2021. La red hídrica de Mérida tiene más de 50 años de antigüedad, se indicó
Reparación de una fuga de agua en el barrio de Santiago, en 2021. La red hídrica de Mérida tiene más de 50 años de antigüedad, se indicó
  • Reparación de una fuga de agua en el barrio de Santiago, en 2021. La red hídrica de Mérida tiene más de 50 años de antigüedad, se indicó
  • Un bache y fuga de agua en la calle 16 de la colonia Ávila Camacho II

La red de distribución de agua en las ciudades pierde en promedio entre el 50% y 70% del líquido por fugas en redes muy antiguas y conexiones ilegales, y Mérida no es inmune, señaló Jorge Alfonso López González, consultor en Hidrología e Hidráulica y profesor de la Universidad Marista de Mérida.

“La situación en las poblaciones del interior del estado es más compleja, ya que no se llevan estadísticas y prevalece la mala gestión del agua, por lo que la pérdida del vital líquido suele ser mayor”, indicó.

Por lo anterior es importante que se establezca una Comisión Estatal de Aguas que ordene y regule a todos los organismos operadores del agua, dijo.

Sobre la caída en la presión del agua en colonias y fraccionamientos, el consultor indicó que este problema obedece a varios factores:

  • a) La antigüedad y falta de renovación de los equipos de bombeo en plantas y cárcamos de rebombeo.
  • b) Los fallos constantes de energía eléctrica y la dependencia del organismo operador (la Japay) al suministro de energía de la CFE la hacen vulnerable y sin capacidad de respuesta.

Esto provoca disminución de presión y flujo que cuando regresa, tarda horas en presurizar nuevamente la red hidráulica.

  • c) Un aumento de la demanda de servicio.
  • d) La gran cantidad de fugas existentes en conducción y distribución, faltando un agresivo programa de recuperación de caudales usando tecnología ya existente apuntalada con inteligencia artificial.

“Es como si fuera un organismo operador de fines del siglo pasado funcionando en 2025”.

¿Cuánto podría impactar el hecho de que la mayoría de la red hídrica de la ciudad tiene más de 40 años?

En el primer cuadro de la ciudad la antigüedad de las tuberías supera los 50 y hasta 60 años de uso, y desde luego todo material tiene un tiempo de vida útil que en este caso ha sido rebasado y consecuentemente la hace más vulnerable a tener fugas, muchas veces no visibles y que por la falta de presión se van al subsuelo.

La antigüedad de las tuberías provoca fugas masivas y de gran magnitud, señaló López González.

Por el tiempo de uso más allá de su vida útil las redes se vuelven frágiles y ya no soportan la presión, por lo que el sistema tiene que ser operado con cuidado.

Además, el interior de las tuberías se corroe, se obstruyen y disminuyen su diámetro debido al alto contenido de carbonato de calcio (sarro) que tiene el agua del acuífero de origen kárstico, agregó.

Hasta la fecha no existe un plan para renovar las redes antiguas”, apuntó.

Cuestionado sobre si hay una crisis hídrica por escasez de plantas potabilizadoras y de tratamiento, el ingeniero López González considera que plantas potabilizadoras se podría decir que hay más de las necesarias.

(Lo de potabilizadoras entre comillas porque en muchas plantas, sobre todo del interior del estado, captan el agua y en muchas ocasiones no la cloran por falta del químico).

En el caso de Mérida, el organismo operador —la Japay— es estatal y cuenta con cuatro plantas de tratamiento, así como sistemas independientes que abastecen la ciudad y son suficientes en número.

Sin embargo, del 100% del agua que captan y envían a la red solo facturan el 30%; es decir, el 70% se pierde en la distribución del agua por fugas visibles y no visibles.

En cuanto a plantas de tratamiento de aguas residuales, con todas las que existen en la ciudad se tiene una cobertura de 7% a 8% en el mejor de los casos. En los municipios del estado la cobertura mediante plantas es prácticamente nula.

¿Cómo afecta el rezago hídrico a la biodiversidad y los ecosistemas locales?

El rezago hídrico en Mérida, visto desde el punto de vista de la contaminación del acuífero, es causado en gran parte por las fosas sépticas en mal estado que predominan en más del 70% de la ciudad y al drenaje pluvial conectado directamente al acuífero.

Este último, por su poca profundidad, es muy vulnerable a la contaminación porque las aguas se van sin tratamiento afectando gravemente a la biodiversidad y los ecosistemas locales, pues la región depende por completo de este recurso subterráneo para abastecimiento y disposición final de aguas de desecho.

La contaminación impacta directamente en los ecosistemas de cenotes y manglares. De hecho, ya se detecta la contaminación en áreas al norte de la ciudad, en especial las zonas localizadas a ambos lados de la carretera Mérida-Progreso.