Cada año, el tercer sábado de noviembre se conmemora el Día Internacional del Superviviente de una Pérdida por Suicidio, una jornada dedicada a quienes han perdido a un ser querido por esta causa y buscan transformar el dolor en un acto de acompañamiento y esperanza.
En Mérida, esta conmemoración se hace visible a través de la Caminata de Sobrevivientes “Ancla de la Esperanza”, que este año celebra su cuarta edición, impulsada por la activista y promotora de salud emocional Marilú Ancona, reconocida por su labor de acompañamiento a familias que han vivido una pérdida por suicidio.
La caminata se realizará este domingo 16 a las 4:30 de la tarde en el parque de la colonia Alemán. Los asistentes darán dos vueltas al parque y encenderán 331 velas en memoria de las personas que murieron por suicidio en Yucatán durante 2024. El acto, más que una ceremonia solemne, busca ser un encuentro de amor, reconocimiento y solidaridad.
“Esta caminata no es un acto triste, es un acto de amor y reconocimiento —detalla la convocatoria—. Es decirles a los que han vivido esta pérdida: no están solos. Es decirle a nuestra sociedad: hablar y acompañar salva vidas”.
El suicidio en Mérida
En Mérida, cientos de familias han enfrentado la pérdida de un ser querido por suicidio. Algunas lo comparten abiertamente; otras, en silencio, intentan seguir adelante sin el respaldo necesario. Pero, como señala Marilú Ancona, todos, en algún momento, hemos escuchado o acompañado historias que nos tocan profundamente. La Caminata “Ancla de la Esperanza” se ha consolidado como un espacio para romper ese silencio, ofrecer consuelo y abrir ese diálogo urgente sobre la importancia de acompañar a los sobrevivientes.
En sus ediciones anteriores, esta iniciativa ha reunido a decenas de personas que caminan con una vela encendida, símbolo de memoria y compromiso.
Inspirada en el movimiento internacional del Día del Superviviente, impulsado desde 1999 por la American Foundation for Suicide Prevention, la caminata de Mérida se suma a una red global de actividades que, cada noviembre, buscan visibilizar a quienes permanecen tras una pérdida por suicidio y promover la prevención desde el acompañamiento humano.
Encender una vela por cada persona fallecida, caminar juntos y mirar de frente el dolor sin juzgar ni ocultar, son actos que buscan transformar la tragedia en acción comunitaria. En palabras de los organizadores, “acompañar a los sobrevivientes es esencial para evitar nuevos suicidios”. Por eso, la invitación está abierta a todos: a quienes han perdido a alguien, a quienes conocen a alguien que lo ha vivido, a quienes desean aprender a apoyar o simplemente anhelan una sociedad más sensible y humana.
El encuentro en el parque de la colonia Alemán será, una vez más, un recordatorio de que el duelo compartido puede convertirse en esperanza. Porque cada vela encendida representa una vida recordada, y cada paso dado en comunidad es una afirmación de vida: no están solos.
