Son las 5:30 de la tarde y los rayos de sol expiran sobre las copas de los árboles y la espadaña de la Ermita de Santa Isabel, pero pocos se fijan, pues el aroma a tortilla frita y pavo asado se ha apoderado del ambiente.
No es una tarde común en el barrio mágico. Personas de todas las edades se han dado cita en los alrededores del parque donde se lleva al cabo una edición más de la Feria del Panucho.
La sede, la misma desde 2019, no es una ocurrencia. La historia dice que fue allí, en la Ermita, donde nació el panucho. Y los vecinos lo replican con orgullo: “Don Ucho, lo inventó”.
Las crónicas dicen también que en sus orígenes, el panucho era sólo una tortilla con frijol, huevo cocido y cebolla; pero como la vida misma, el guiso también ha evolucionado.
En esta edición, por ejemplo, además de huevo y pavo asado, se ofrecen panuchos de carne molida, carne asada y queso de bola.
Araceli del Socorro Chin, del puesto “El sazón de mamá”, lleva más de 40 años preparando panuchos, y aunque asegura que no es complicado confiesa que mucho tiene que ver el amor con que uno lo prepara.
Ella fue es una de las que participaron en la feria, que abrió al público a las 5 de la tarde.
“Apenas nos estamos instalando, pero, bendito Dios, ya se está moviendo un poco”, señala mientras acomoda hojas de lechuga, cebolla y carne sobre la tortilla rellena de frijol colado. “Aquí ofrecemos también de queso de bola, picadillo, huevo y pavo”.
Unos pasos adelante está el puesto “La Lupita”. Allí atienden Guadalupe Chávez Rosado y Óscar Guzmán Guzmán, que apenas se dan abasto para preparar los panuchos de relleno negro, pavo asado, queso de bola, queso Daysi, huevo duro y carne molida.
Guadalupe y Óscar preparan el guiso con tal habilidad, que no falta quien los grabe: mientras colocan le dan los últimos toques al platillo, que muchos lugares han adoptado como suyo.
Pero algo tienen los panuchos de la Ermita, que gente de otros lugares han decidido darse una vuelta, como la señora Elsa May.
Elsa era vecina de la calle 66 (por el Cementerio General), pero al casarse se mudó a Vergel II.
“De allí vengo, y hoy venimos para disfrutar de los panuchos”, dice, mientras disfruta uno de pavo.
Aunque en colocaron sillas y mesas para que la gente esté cómoda, doña Elsa y su acompañante prefieren comer en una banca cercana al quiosco, de tal forma que puedan ver un poco de los espectáculos que se presentan en la tarima principal.




