En su mayoría, las adultas mayores deben cuidar a familiares más envejecidos, recalca una investigadora en entrevista con Diario de Yucatán
En su mayoría, las adultas mayores deben cuidar a familiares más envejecidos, recalca una investigadora en entrevista con Diario de Yucatán

Yucatán envejece, pero lo hace a un costo social y económico que recae principalmente sobre las mujeres, quienes en la mayoría de los casos abandonan sus trabajos para cuidar a personas mayores, advierte la investigadora Gina Villagómez Valdés.

“El envejecimiento de la población en México representa uno de los fenómenos sociales que requiere la atención que a la fecha no se le ha otorgado”, afirma la especialista en entrevista con Diario de Yucatán.

La falta de un sistema de cuidados en la entidad, donde el 14% de la población tiene más de 60 años (en algunos municipios llega al 21%), ha convertido la vejez digna en una “violencia institucional“, dejando a la familia, y en particular a las mujeres, la carga de una tarea agotadora que vulnera la economía familiar y la productividad.

“A la fecha este sistema depende casi exclusivamente de la familia y particularmente sobre las mujeres, quienes incluso siendo adultas mayores están a cargo de familiares más envejecidos como padres, esposo, hermanos o algún familiar más”.

Este modelo de “cuidados familiares” tiene efectos devastadores para las mujeres, que deben reducir sus jornadas laborales, aceptar empleos precarios o, directamente, abandonar el mercado laboral.

“Comenzarán las ausencias del centro de trabajo, los permisos solidarios del patrón, los permisos sin goce de sueldo y finalmente, el despido”, explica la experta.

La falta de un sistema estatal para el cuidado de personas mayores no solo impacta la economía familiar, también deteriora la salud física y mental de las cuidadoras.

“Son cuidadoras que pierden sus relaciones sociales, mujeres que se aíslan, que se descuidan médicamente y que viven el cuidado en solitario. Son mujeres que se olvidan de sí con el fin de cuidar a los demás”.

Cuando las mujeres cuidadoras no cuentan con redes familiares o apoyos institucionales, la mayoría de las actividades de cuidado recae en ellas. Además, al no contar con el soporte familiar o institucional, sus aspiraciones laborales se limitan o terminan.

“Esto afecta a empresas y centros de trabajo porque el cuidado de la gente mayor no cuenta con el apoyo de estancias geriátricas de gobierno”, enfatiza.

El costo económico de cuidar también recae directamente en los hogares. A pesar de que el gobierno federal otorga la llamada “pensión universal” de $6,200 bimestrales a toda la población mayor de 60 años, esta medida es insuficiente.

“Estas pensiones deberían destinarse a los grupos más vulnerados, pero como estrategia electoral reparten a toda la población mayor de 60 años. Con este apoyo se ha integrado en la narrativa de comunicación, que las personas mayores ya están atendidas por el gobierno”.

Sin embargo, la realidad es distinta. Las necesidades de cuidado —que van desde el acompañamiento emocional hasta la atención médica especializada— siguen sin ser cubiertas por el Estado, lo que agrava la desigualdad de género y perpetúa la precariedad para muchas mujeres. La creación de un sistema estatal de cuidados no solo es urgente desde una perspectiva social, sino que representa también una oportunidad económica.

“Un sistema estatal de cuidados requiere profesionales en diferentes disciplinas (…) Esta es un área de oportunidad laboral para las generaciones de jóvenes. El problema es la falta de creación de Centros de atención para el cuidado”, señala Gina Villagómez.

En lugar de impulsar esta industria con empleos formales y servicios públicos accesibles, el cuidado de las personas mayores se ha convertido en un mercado altamente privatizado debido a consultas médicas, enfermería domiciliaria, insumos médicos y centros de atención geriátrica con precios elevados.

“Yucatán tiene una gran oferta para atender la vejez, pero esta oferta es selectiva, ya que la mayor parte de la población no tiene acceso a los recursos que la gente mayor necesita.

“El cuidado de adultos mayores aún no muestra un impacto significativo en el mercado laboral porque la mayor parte del trabajo lo realizan las mujeres sin recibir retribución alguna”.

A pesar de todo, las personas cuidadoras, en su mayoría mujeres, han creado cuatro tipos de apoyo que sostienen a las personas mayores:

1) Económico y material.

2) Doméstico e instrumental (baño, medicamentos, alimentación, lavado de ropa).

3) Emocional (escucha, acompañamiento).

4) Cognitivo (enseñar el uso de tecnologías o estrategias de autocuidado).

Estas actividades, a menudo vistas como “naturales” o “obligaciones familiares”, constituyen un trabajo no remunerado que permite a muchas personas mayores mantener una mínima calidad de vida.

“Cuando no cuentan con el soporte familiar o institucional, sus aspiraciones laborales se limitan o terminan”, advierte la investigadora.— IVÁN CANUL EK

Envejecimiento Desigualdad con cuidadoras

Muchas mujeres abandonan el mundo laboral debido a que cuidan a personas mayores.

Tipos de apoyo

A pesar de todo, las personas cuidadoras, en su mayoría mujeres, han creado cuatro tipos de apoyo que sostienen a las personas mayores.

Ejes

Estos apoyos son: 1) Económico y material; 2) Doméstico e instrumental ( incluye baño, medicamentos, alimentación, lavado de ropa); 3) Emocional (escucha, acompañamiento); 4) Cognitivo (enseñar el uso de tecnologías o estrategias de autocuidado).

Trabajo no remunerado

Estas actividades, a menudo vistas como “naturales” o “obligaciones familiares”, constituyen un trabajo no remunerado que permite a muchas personas mayores mantener una mínima calidad de vida.

Fin de aspiraciones

“Cuando no cuentan con el soporte familiar o institucional, sus aspiraciones laborales se limitan o terminan”, advierte la especialista Gina Villagómez Valdés

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