El ciberacoso es un problema creciente en la sociedad, pues con el uso masivo de las redes sociales cualquier persona, pero sobre todo los niños y jóvenes, están expuestos a este tipo de prácticas que acarrean angustia, estrés y pueden generar serios problemas al afectado.

Los jóvenes están en riesgo de tener secuelas psicológicas a causa del ciberacoso, ya que pueden experimentar miedo, estrés, angustia, pensamientos constantes de que las cosas saldrán mal, paranoia, ansiedad, depresión e ideación suicida, así lo manifiesta el psicólogo Israel Gutiérrez Rendón.

“Todo lo anterior puede afectar el desempeño escolar de los adolescentes o jóvenes, pues están en una edad vulnerable, y ese pensamiento gobernante sobre lo que sucedió no les permite dirigir la atención en la parte escolar y en otras áreas que le correspondan a la persona de acuerdo con su edad”.

Además, considera que un gran número de casos de ciberacoso no son reportados ante las autoridades por el temor de que el victimario cumpla sus amenazas sobre la víctima o sus familiares.

Según calcula, el 70% de la población que ha pasado por este tipo de problema no lo reporta.

El experto señala que no se puede hablar de un perfil predominante del agresor o de la víctima de acoso en las escuelas yucatecas, porque cualquiera puede ser la víctima, ese problema no discrimina género ni estrato social o nivel socioeconómico, son casos que se dan en todos lados.

También indica que hay algunas conductas que pueden alertar sobre si una persona está siendo víctima de ciberacoso, como cuando la persona se aísla, hay alteración del sueño y vigilia, inanición voluntaria, miedo a expresarse, evita ir a la escuela o hacer las actividades del día a día, y mantiene un rostro confuso y de preocupación.

El psicólogo Israel Gutiérrez Rendón dice que para ayudar a una persona que sufre de ciberacoso, lo primero que hay que hacer es dirigirse a las autoridades y recibir un tratamiento psicológico inmediato, así como orientaciones psicológicas para la víctima y familiares directos, a fin de que puedan apoyar de manera correcta a la persona acosada.