Gentrificación en Mérida

El conversatorio “Gentrificación: progreso o desplazamiento” dibujó el espejo urbano que afronta Mérida con su crecimiento poblacional imparable, el cual genera especulación inmobiliaria, corrupción de las autoridades y el riesgo de que los habitantes originarios pierdan el alma de pueblo.

Seis especialistas, entre ellos un líder vecinal del fraccionamiento Las Américas y la comisaria municipal de Santa Gertrudis Copó, expusieron sus puntos de vista sobre este fenómeno social que avasalla a la capital yucateca.

El evento, organizado por el Laboratorio Urbano de la Universidad Modelo el pasado martes por la noche, se dividió en dos bloques.

En el primero, “El derecho humano a la ciudad”, participaron el maestro Carlos Manuel Orozco Santillán, arquitecto y maestro en ciencias por la Universidad de Guadalajara, y el doctor Jorge López Ortiz, investigador posdoctoral de la Uady y doctor en urbanismo por la UNAM.

También Leydi Eloína Cocom Valencia, puericulturista de profesión, comisaria municipal de Santa Gertrudis Copó, consejera nacional de los pueblos indígenas y coordinadora del Centro Estatal de Capacitación, Investigación y Difusión Humanística de Yucatán de la Secretaría de Ciencias, Humanidades, Tecnología e Innovación (Secihti).

En el segundo bloque, “Beneficios o perjuicios”, estuvieron la maestra Graciela Carrillo Carrillo, fundadora del colectivo Haciendo Ciudad y colabora como docente y consultora del Centro de Investigación, Análisis y Docencia de Política Pública (Cidapp).

Asimismo, el doctor en planeación de desarrollo y maestro en urbanismo, Héctor Becerril, investigador del Secihti e integrante fundador de la Red de Investigadores en Vivienda y Hábitat en las Américas (Rivha), y Jonathan Martín Aguilar, presidente del comité vecinal del fraccionamiento Las Américas.

Durante más de tres horas, los ponentes explicaron que el fenómeno de la gentrificación está destruyendo el patrimonio arquitectónico e histórico de las grandes ciudades, como ha ocurrido en la ciudad de Guadalajara.

Además, señalaron, las grandes torres de departamentos o desarrollos inmobiliarios generan caos vial, y una división de clases sociales porque aquellos que tienen dinero viven en lugares privilegiados.

Héctor Becerril, Graciela Carrillo Carrillo y Jonathan Martín Aguilar (los tres al centro), participantes del reciente conversatorio “Gentrificación: progreso o desplazamiento”, que organizó la Universidad Modelo
Héctor Becerril, Graciela Carrillo Carrillo y Jonathan Martín Aguilar (los tres al centro), participantes del reciente conversatorio “Gentrificación: progreso o desplazamiento”, que organizó la Universidad Modelo

“Todo mundo está vendiendo” en Mérida

Las viviendas edificadas con piedra caliza se transforman en hoteles boutique u otros negocios, y hay un desplazamiento de habitantes con la consiguiente pérdida de tradiciones.

Tal es el caso de la comisaría meridana Santa Gertrudis Copó, donde los vecinos pudientes que llegaron a vivir no les permiten los bailes populares o el festejo religioso con voladores “porque asusta a los perritos”.

La comisaria Leydi Cocom destacó que una realidad palpable en la actualidad es que la gentrificación es una invasión “avasalladora” para los habitantes originarios de Mérida.

En esta localidad del norte de la ciudad hay edificios de hasta 26 pisos que los privan del derecho a la naturaleza, como es la radiación solar por la sombra que ocasionan las torres.

La gentrificación es más que evidente en el Centro Histórico y barrios de Mérida porque gente pudiente compra los predios y los convierte en hoteles boutique o negocios de otro tipo. Incluso, destacó el maestro Orozco Santillán, “todo el mundo” está vendiendo en Mérida. Aclaró que no exagera, solo basta con caminar por el primer cuadro para ver letreros de “se vende” o “se renta” en decenas de viviendas.

Los ponentes recalcaron que lo que se observa en los barrios y pueblos circundantes, como Santa Gertrudis Copó, es un proceso complejo impulsado por la especulación inmobiliaria y la planificación urbana que redefine el espacio, priorizando a segmentos poblacionales más afluentes.

La gentrificación se define, en esencia, como un proceso de producción de espacio urbano diseñado para atraer a personas con mayor poder adquisitivo, lo cual no siempre resulta en un desarrollo equitativo para el conjunto de la población.

La transformación acelerada de Mérida no es producto del azar, sino el resultado de la convergencia de tres componentes principales identificados en el análisis:

  • 1) Inversión (capitalismo inversor). La búsqueda constante de plusvalía impulsa la revalorización del suelo, haciendo que los terrenos y propiedades tradicionales sean vistos primariamente como activos financieros.
  • 2) Corrupción: Las decisiones políticas, en especial la aprobación de planes parciales y cambios en el uso de suelo, facilitan que la inversión especulativa se concrete, a menudo con acuerdos que benefician a terceros y no a la comunidad.

Incluso, las grandes ganancias que obtienen los desarrolladores les da suficiente para repartir entre quienes autorizan los permisos urbanos y cambio de uso del suelo.

  • 3) Desplazamiento: Este es el resultado directo de la especulación. Cuando el costo de vida y la presión inmobiliaria aumentan, el habitante original se ve forzado a vender su patrimonio, perdiendo su arraigo territorial.

La pérdida de tradiciones y manifestaciones culturales en Mérida se manifiesta en varios niveles, afectando tanto la fisonomía urbana como el tejido social.

Hay un cambio de identidad y uso de suelo y existe una tensión entre la identidad de los habitantes, que se reconocen como pueblo con usos, costumbres y una cosmovisión maya, y la clasificación oficial por parte del Ayuntamiento, que los denomina simplemente “centros de población”, como pasa con Santa Gertrudis Copó.

En el Centro Histórico se aprecia una turistificación que opera en pareja con la gentrificación.

Las viviendas tradicionales, construidas con la piedra caliza yucateca que tiene una durabilidad de mil años, están siendo rehabilitadas rápidamente para convertirse en hoteles boutique, Airbnbs o residencias de alto nivel. Y este cambio de fachada oculta la expulsión de sus habitantes originales.

El desarrollo urbano no siempre se alinea con la forma de vida local porque en Mérida se han reportado conflictos vecinales, como la intervención policial para limitar fiestas tradicionales de los pueblos originarios, que para la comunidad tienen un profundo sentido espiritual y cultural.

Si bien el desplazamiento es el resultado más evidente, el proceso genera una segregación espacial que expone la vulnerabilidad de las poblaciones afectadas, lo que crea segregación y marginalidad.

El desplazamiento del primer cuadro y barrios tradicionales fuerza a las familias a mudarse a núcleos habitacionales periféricos.

Si no se planifican adecuadamente con infraestructura (transporte, servicios, mercados, etcétera), estos nuevos desarrollos se convierten en “ciudades dormitorio” con alta marginalidad, replicando patrones vistos en otras metrópolis.

Una forma de impedir el avance de la gentrificación y su consecuencia más visible como el desplazamiento de la gente es por la vía de la resistencia y la participación ciudadana.

La lucha contra los efectos más destructivos de la gentrificación pasa por la defensa de derechos y la participación informada.

Es fundamental exigir el respeto al derecho a la libre consulta, libre previa e informada (amparado en el Artículo 2 Constitucional y el Convenio 169 de la OIT), para que los pueblos originarios decidan sobre su forma de vida y desarrollo, lo cual no ocurre ahora.

El rol del conocimiento que se adquiere en la academia es una responsabilidad de los profesionales de devolverlo a la comunidad, formando una opinión pública informada que es crucial para influir en los regidores y las autoridades municipales, para proteger el patrimonio edificado y exigir que el desarrollo urbano beneficie a quienes ya habitan y construyen la ciudad.

“En Guadalajara es verdaderamente patético ver edificios que admiro tanto de la época del Porfiriato de los años 20, 30 y 40 que ya no existen. Ahora veo torres de departamentos”, señaló el maestro Orozco Santillán, oriundo de esa ciudad de Jalisco.

Esa es la experiencia que le depara a Mérida. Quiero decir que todavía se puede impedir, donde no podemos luchar es con la clase social porque si alguien vende una casa es porque le conviene irse a un nuevo núcleo habitacional.

“No hay alguna norma que impida la venta de propiedades, lo único que podemos hacer es vigilar que las autoridades municipales no hagan estragos”, apuntó.

A su consideración, todos los gobiernos, sean del PRI, PAN, Movimiento Ciudadano y Morena, son responsables de esta falla en la planeación urbana.

Abandona una charla

Cuando una persona del público le preguntó a los ponentes quiénes serían los responsables de este desplazamiento y desorden urbano, el doctor Jorge López Ortiz dijo que en el caso de Mérida es el PAN, que ha gobernado por más de 20 años la ciudad, y que uno de los responsables estaba allí oyendo el conversatorio, en referencia al arquitecto Edgardo Bolio Arceo, quien se retiró antes de la acusación directa.

Te recomendamos leer: Crecimiento urbano, una amenaza a la identidad yucateca

Joaquín Orlando Chan Caamal, reportero de la Agencia Informativa Megamedia (AIM); es periodista desde 1987 y en 1993 ingresó a Diario de Yucatán, buque insignia de Grupo Megamedia. Escribe sobre el ámbito local y peninsular, especialmente contenidos sobre educación, economía, medio ambiente, sectores empresariales, sociedad y seguridad.