Cada arranque de año suele resentirse con mayor fuerza en el bolsillo. Tras los entusiastas gastos de diciembre, enero suele llegar acompañado de pagos acumulados, compromisos a meses sin intereses y obligaciones que no pueden esperar.
Ante este panorama, la llamada “cuesta de enero” se convierte en un período crítico en el que muchas familias yucatecas consideran recurrir a préstamos rápidos o empeños como una salida inmediata, aunque no siempre la más conveniente.
David Magaña Álvarez, contador y experto en finanzas prácticas, advierte que el primer llamado es a la calma y a la reflexión.
Antes de endeudarse, recomienda hacer una pausa y revisar con honestidad los ingresos reales y los gastos indispensables. Tomar decisiones apresuradas, señala, suele provocar que un problema temporal se transforme en una carga financiera de largo plazo.
Una lista escrita puede ayudar a hacer visibles los ingresos y gastos mencionados.
En caso de decidirse por un préstamo, es fundamental mirar más allá del dinero que se recibe.
El especialista insiste en que el verdadero peso de un crédito está en su costo total, lo que incluye tasas de interés, comisiones, seguros obligatorios y penalizaciones por atrasos, incluso en algunos casos por pago adelantado.
Por ello, exhorta a no comprometer más del 30% del ingreso mensual al pago de deudas y a preguntarse con claridad para qué se necesita el crédito.
Señal de alerta
En caso de endeudarse para cubrir gastos cotidianos, como alimentación o servicios básicos, se debe encender una señal de alerta y llevar a replantear el presupuesto familiar.
Durante estas fechas proliferan los llamados préstamos exprés, con mensajes o publicidad, que se anuncian como rápidos, sin aval y sin revisar el historial crediticio.
Aunque su facilidad resulta tentadora, Magaña Álvarez alerta que suelen tener intereses muy elevados y condiciones poco claras.
Además, muchas de estas financieras recurren a prácticas de cobranza agresivas que generan estrés y conflictos familiares.
El llamado es a desconfiar de lo “demasiado fácil”, verificar siempre que se trate de instituciones reguladas, como las bancarias y acudir con un ejecutivo para leer las letras chiquitas.
Otra alternativa frecuente en enero es el empeño de bienes. Si bien puede ofrecer liquidez inmediata, también implica el riesgo real de perder artículos de valor si no se cubren los pagos en el plazo establecido.
El experto financiero subraya que los objetos suelen valuarse por debajo de su precio real y que los intereses se acumulan con rapidez.
Por ello, exhorta a considerar el empeño solo como último recurso y con la certeza de que el bien podrá recuperarse, o en el último de los casos darlos por perdidos.
El llamado a cuidar las finanzas es todavía más enfático cuando se trata de los adultos mayores.
Este sector suele ser blanco de préstamos abusivos ligados a pensiones o depósitos automáticos, señala.
Por ello, recomienda que no firmen ningún contrato bajo presión y que busquen siempre el acompañamiento de familiares de confianza antes de aceptar un crédito. Proteger su patrimonio es también proteger su tranquilidad y calidad de vida.
Si las deudas con tarjetas de crédito ya forman parte del panorama, lo primero es dejar de usarlas temporalmente y hacer un diagnóstico claro del adeudo total.
Se recomienda identificar cuánto se debe, a qué tasa de interés y cuál es el pago mínimo exigido, para evitar atrasos que generen cargos adicionales.
Hay que priorizar el pago de la tarjeta con mayor interés y mantener al corriente las demás puede ayudar a reducir el monto final de la deuda.
Es importante acercarse a la institución bancaria antes de que la situación se complique. Solicitar una reestructura, un plan de pagos fijos o la consolidación de saldos puede brindar mayor control y certidumbre.
La recomendación es actuar con oportunidad y no esperar a que la deuda crezca, ya que tomar decisiones a tiempo puede marcar la diferencia entre recuperar el equilibrio financiero o arrastrar el problema durante todo el año.
Frente a este escenario, la educación financiera se vuelve una herramienta indispensable.
