El conocimiento astronómico que los mayas antiguos desarrollaron tuvo como finalidad conocer el paso de los astros para determinar, entre otras cosas, cuáles eran los momentos más adecuados para el ciclo agrícola, recuerda el antropólogo Indalecio Cardeña Vázquez.
Esto lo señala ante la cercanía del descenso de Kukulcán en El Castillo de Chichén Itzá y el paso del dios sol, Kin, en el Templo de las Siete Muñecas, fenómenos asociados con el equinoccio de primavera y otoño.
El sábado 20 y domingo 21 próximos se podrán observar estos fenómenos en su esplendor, siempre que las condiciones climatológicas lo permitan, aclara el estudioso de la cultura maya.
Este conocimiento determinaba cuándo talar el monte, cuándo sembrar, cuándo cosechar, cuándo era la época de lluvias, todos estos aspectos que son clave para la agricultura, añade.
El investigador y presidente del Círculo de Estudios Humanísticos de Yucatán indica que otra cuestión importante era que los mayas antiguos consideraban a los planetas como estrellas.
Para ellos, el planeta Venus era una de las estrellas más importantes al ser hermano menor del sol.
Venus tenía un simbolismo asociado a la guerra. En el templo de los murales de Bonampak (en Chiapas) se puede observar al gobernante victorioso, seguro de sí mismo y con una flor de cuatro pétalos en el muslo, siendo ésta la representación de Venus.
El carácter bélico fue otro de los motivos por los cuales los mayas antiguos le prestaron atención a los astros y también, por supuesto, para saber cuándo ocurrirían eclipses.
Los mayas antiguos llegaron a desarrollar un conocimiento tan exacto para seguir el paso de los astros que pudieron predecir con muchísima exactitud estos fenómenos celestes.
Arquitectura
El antropólogo Cardeña Vázquez explica el concepto de astronomía posicional, que estuvo vinculado a la arquitectura.
Algunos edificios fueron construidos siguiendo la orientación de astros como Venus, el sol y la luna. Lo más frecuente era que desde algunos puntos de esos inmuebles especialmente construidos para ello se revelara el paso de estos astros.
“Eran marcadores cósmicos o relojes, podríamos decir. El conjunto de este conocimiento arquitectónico y astronómico es lo que se conoce hoy día como arqueoastronomía.
“Todas las ciudades prehispánicas tuvieron edificios con partes desde las cuales se podía ver el paso de los astros en fechas como los equinoccios y solsticios.
“En Yucatán tenemos dos de los lugares más importantes, que son Dzibilchaltún y Chichén Itzá”.
Dzibilchaltún corresponde al período Clásico, cuyo apogeo fue alrededor del siglo séptimo, del año 600 después de Cristo.
Ahí desde temprana hora se puede el paso del sol a través de las puertas principales en los equinoccios.
El otro sitio arqueológico importantísimo es Chichén Itzá, que corresponde a la siguiente etapa de desarrollo de la civilización maya: el período Posclásico.
Apogeo
Chichén alcanzó su apogeo alrededor del siglo XI y XII. Era una ciudad maya, pero los itzaes procedentes de la región de Tabasco se asentaron en ella y al ser comerciantes tenían vínculos con otros grupos mesoamericanos, especialmente del centro del país como los toltecas. “Entonces comenzó a haber un intercambio de los toltecas a los mayas y viceversa”.
El ejemplo de esta influencia tolteca en Chichén es la estructura llamada El Castillo, que tiene elementos toltecas como las alfardas, las rampas que se encuentran a los lados de las escaleras. Es un elemento de lo cual la arquitectura maya carecía.
Luz y sombra
Al asentarse los itzaes ya convertidos en mayas, ellos desarrollan este conocimiento de especialidad tremendo que podemos ver hoy día con el descenso de Kukulcán, de la serpiente emplumada, desde la parte superior hasta la parte inferior, explica el investigador.
“Podemos ver cómo esos triángulos de luz y sombra se van formando, cómo adquiere una forma ondulada como si fuese una serpiente, la serpiente emplumada, y al ir descendiendo el sol crea el efecto de movimiento. La sombra que desciende se dirige hacia el norte, al cenote sagrado”, dice.
Esto es Kukulcán descendiendo al inframundo, es el simbolismo, expone.
A qué hora podrán verse los fenómenos de luz y sombra
Por supuesto, también estaba marcando momentos importantes para el trabajo agrícola y para la vida cotidiana de los mayas antiguos, reitera.
Cardeña Vázquez explica que estos fenómenos de luz y sombra se pueden ver en todo su esplendor el 20 y 21 de marzo, pero también dos días antes y dos días después.
Toda esa precisión y belleza que tienen esos fenómenos es el 20 y 21, subraya, ya que son las fechas que corresponden al equinoccio de primavera.
Éste ocurre el viernes 20 de este mes, agrega. El fenómeno en Chichén Itzá comienza alrededor de las 3 de la tarde, aunque su apogeo es cerca de las 4 y concluye alrededor de las 4:30 p.m.
En Dzibilchaltún ocurre entre las 5:45 y 6 de la mañana.
El investigador invita a la gente acudir a estos lugares y ver estos fenómenos, ya que es una oportunidad extraordinaria para conocer parte del conocimiento científico que lograron desarrollar los mayas antiguos y asombrarnos de cómo más de 1,000 años después podemos ver aún estos fenómenos.
El antropólogo recuerda que hay otras ciudades mayas en las que se puede observar fenómenos asociados a los equinoccios.
Este es el caso de la ciudad Chen Ho, que está en el Parque Ecológico del Oriente en el Fraccionamiento del Parque, en Mérida. El fenómeno se pudo apreciar antes de que crecieran los árboles y taparan la visualización del horizonte, apunta. La importancia de Chen Ho es la temporalidad. Es un sitio del Preclásico, es del año 100 después de Cristo.
Lo importante de Chen Ho es que ahí no hay fenómenos de luz y de sombra, sino que son las visuales que se trazan, desde ciertas partes de algunos edificios hacia el horizonte. Una visual es una línea recta que conecta el ojo del observador con un punto u objeto específico.
