El arranque de 2026 enciende los focos rojos entre especialistas cardiovasculares. Se reporta un incremento inusual en los casos de infarto agudo de miocardio, una tendencia que no se observaba desde los años más críticos de la pandemia.
La preocupación se centra particularmente en los equipos que atienden emergencias y realizan intervenciones en salas de cateterismo, donde se libra una carrera contra el tiempo para salvar músculo cardíaco y evitar la muerte.
El doctor Ricardo Alejos Mex, cardiólogo intervencionista y director del Centro de Cardiología Intervencionista y Terapia Endovascular del Centro Médico de las Américas (CMA), señala que el fenómeno resulta especialmente alarmante porque el tratamiento más efectivo para un infarto sigue siendo la angioplastia coronaria con implante de stent, un procedimiento que requiere que el paciente llegue lo más pronto posible al hospital.
Idealmente, explica, una persona que sufre un infarto debe estar en la sala de cateterismo en menos de 30 minutos desde su ingreso, ya que cada minuto perdido significa un mayor daño irreversible al corazón.
El especialista indica que, tras el descenso de casos observado de infartos después de la pandemia, este inicio de año rompe la tendencia esperada. Calcula que la incidencia ha aumentado cerca de 50% respecto al año anterior, una cifra que califica de “impresionante”.
A su decir, tan solo un grupo médico local ha atendido nueve infartos en un mes, una cantidad elevada incluso para centros con alta demanda. Comenta que colegas de otras ciudades del país reportan cifras menores, lo que hace aún más llamativo el comportamiento registrado en la región.
Para el cardiólogo, el repunte responde a una combinación de factores que coinciden en esta temporada. Explica que los virus respiratorios invernales juegan un papel importante, pues los procesos inflamatorios que generan pueden favorecer eventos cardiovasculares.
Medicamentos, alimentación y alcohol
A ello se suman los excesos típicos de fin de año, cuando muchos pacientes suspenden temporalmente sus medicamentos, cambian sus hábitos alimenticios y consumen alcohol con mayor frecuencia, añade.
También menciona el uso desmedido de medicamentos para disfunción eréctil en algunos casos, sobre todo cuando se combinan con bebidas alcohólicas y falta de control médico, lo que puede desencadenar mayores riesgos cardíacos.
Estrés emocional
Otro factor relevante, afirma el especialista, es el estrés emocional. Describe esta etapa del año como un periodo de inestabilidad psicológica, marcado por conflictos familiares, presiones económicas y ansiedad social, condiciones que pueden provocar infartos asociados al estrés, un fenómeno que se observa con mayor frecuencia en mujeres. Considera que la coincidencia de estos elementos configura una “tormenta perfecta” ante el aumento de casos.
En cuanto al perfil epidemiológico, el médico manifiesta que la edad promedio del infarto se mantiene estable, que es alrededor de 64 años en hombres y cerca de 70 en mujeres. Sin embargo, advierte que cada vez se atienden más pacientes jóvenes, especialmente desde los 40 años de edad, muchos de los cuales desconocen que padecen diabetes, hipertensión, colesterol elevado o sobrepeso, y no acuden a las revisiones preventivas.
El riesgo sigue siendo mayor en varones, particularmente en edades tempranas, donde por cada diez hombres infartados se registra aproximadamente una mujer, puntualiza.
El especialista subraya que el infarto continúa siendo una de las principales causas de muerte y que cerca de 30% de los pacientes fallece antes de llegar al hospital. Destaca además el impacto social del problema, pues muchas personas que sobreviven quedan con daño cardíaco permanente que limita su capacidad laboral, lo que afecta directamente la estabilidad económica de sus familias.
Señales de alarma de un infarto
También enfatiza que uno de los mayores obstáculos es la tendencia a ignorar los síntomas iniciales. El signo más frecuente no es un dolor intenso, sino una sensación de opresión en el centro del pecho, acompañada en ocasiones por falta de aire o presión en el cuello.
Alejos Mex aconseja que cualquier molestia torácica persistente, repetitiva o que aparece en reposo debe evaluarse de inmediato mediante un electrocardiograma, ya que esperar puede significar perder la oportunidad de recibir tratamiento oportuno.
El médico insiste en que la clave para reducir la mortalidad es fortalecer la educación en salud y promover revisiones periódicas, especialmente después de los 50 años. Asimismo, sentencia que es necesario impulsar políticas públicas que garanticen acceso rápido a procedimientos de angioplastia, estrategia que, afirma, ha demostrado en otros países reducir costos a largo plazo al evitar discapacidades permanentes.
El doctor recalca que el objetivo no debe limitarse a tratar infartos, sino a prevenirlos. Sostiene que la enfermedad cardiovascular puede evitarse en gran medida con control de factores de riesgo, seguimiento médico y atención inmediata ante cualquier señal de alerta, porque, como advierte, el corazón casi siempre avisa antes de una tragedia.
