Yucatán es visitado por una cantidad importante de turistas nacionales y extranjeros gracias a sus zonas arqueológicas emblemáticas, sus ecosistemas únicos y una gastronomía ampliamente reconocida.
Sin embargo, el auge turístico también plantea retos importantes. La preservación de las zonas arqueológicas, la cultura local y, especialmente, del entorno natural como manglares, playas, montes y cenotes resulta fundamental, ya que estos elementos constituyen la base del atractivo del estado.
Para conocer más sobre este tema, se consultó al maestro Roger Nigenda Morales, responsable del programa de turismo sustentable de Pronatura.
Ante la pregunta de si el turismo afecta a los ecosistemas, el especialista fue contundente: sí existe un impacto y explica que la actividad se ha intensificado debido a la creciente búsqueda de destinos alejados de las zonas urbanas, lo que ha llevado a una mayor presión sobre áreas naturales previamente aisladas.
Además, señala que esta tendencia se suma a la crisis ambiental global, lo que ha impulsado desde las décadas de 1970 y 1980 una mayor conciencia sobre la necesidad de proteger los ecosistemas a nivel mundial.
En temporadas de alta afluencia como Semana Santa, cuando se incrementa el número de visitantes, Nigenda Morales recalca que la concentración de personas en sitios altamente demandados como cenotes, playas y balnearios suele derivar en un aumento de residuos. No obstante, subraya que el problema no radica únicamente en la conciencia ambiental de los turistas, sino también en la infraestructura disponible en los destinos.
En ese sentido, indica que es fundamental que los espacios turísticos cuenten con suficientes contenedores de basura, reglas claras, sanciones y capacidad de atención ante la llegada masiva de paseantes, porque estos factores influyen directamente en el impacto ambiental.
Como alternativa para reducir la presión sobre los ecosistemas, propone diversificar la oferta turística.
“El dar a conocer sitios menos concurridos, menos visitados, no tan de moda, en turismo lo llamamos diversificar; el daño, el impacto, se disipa un poco. No concentras a tanta gente en el mismo lugar, sino que la repartes en más sitios, lo que tiende a provocar que las afectaciones negativas sean más leves”, dice.
Añade que, en este enfoque cobran relevancia modalidades como el turismo alternativo, el ecoturismo y el cada vez más popular turismo comunitario, los cuales permiten una relación más equilibrada entre visitantes, comunidades y entorno natural.
“Nosotros trabajamos con grupos, guías, emprendimientos y cooperativas locales comunitarias que llevan décadas ofreciendo servicios y productos turísticos de bajo impacto y que generan experiencias de mucho valor pero que mucha gente no conoce”.
En este contexto, el experto afirma que sí es posible impulsar un turismo sustentable, uno que valore la naturaleza y promueva un acercamiento respetuoso a los ecosistemas, al tiempo que genere beneficios reales para las comunidades locales. Esto se traduce no solo en la conservación ambiental, sino también en mejoras en infraestructura, como carreteras, servicios públicos, espacios comunitarios y condiciones de seguridad.
Sin embargo, advierte que, en muchos casos, los desarrollos turísticos siguen priorizando la experiencia del visitante su comodidad y seguridad por encima de su potencial como motor de desarrollo integral, es decir, se privilegia al turista, pero no necesariamente se garantiza un impacto positivo y sostenible para las comunidades que reciben esta actividad.
Puntualiza que en 2018 la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas publicó el Marco Estratégico de Turismo Sustentable en Áreas Naturales Protegidas en México, que incluye 13 efectos ambientales provocados por el turismo, entre positivos y negativos.
En los positivos se encuentran conservación de patrimonio y recursos naturales, investigación ambiental, protección de especies dentro de la normativa vigente, creación de cultura ambiental y creación de regulación aplicable al medio ambiente e instrumentos de gestión ambiental.
Respecto a los puntos negativos están la contaminación, sobrecarga de infraestructura, cambio de uso de suelo, generación de residuos sólidos y líquidos, destrucción o alteración de hábitats, elevado consumo de recursos y afectación de especies en el área destinada al turismo.
“Muchas veces tendemos a echarle la culpa al turista por las afectaciones ambientales. Lo más común es la presencia de basura, o la extracción de conchas de la playa, o el ruido excesivo. Sin embargo, desde hace más de cuatro décadas se conocen los conceptos de manejo de visitantes y de gestión de destinos”, recalca, y agrega como ejemplo el turismo en Costa Rica, donde se tiene especificado el turismo, vender una experiencia de naturaleza.
“Desde que buscas en internet, lo que aparece son paisajes naturales, especies y actividades en la naturaleza. Cuando llegas, lo que ves como promoción en el aeropuerto son fotografías de aves, de bosque, de ranas, de monos, etc. Tienen muy claro cuál es su riqueza y qué turistas quieren atraer. Esto es, en parte, a lo que le llamamos gestión del destino”, manifiesta Nigenda Morales.
Revela que este tipo de turismo obliga a mantener esas áreas naturales y cuidar de la fauna y la flora, dado que si los turistas llegan y ven un lugar sucio, sin animales que observar o se les permite a los visitantes dañar a la naturaleza se vuelve insostenible.
Es una situación compleja a su parecer, aunque es posible tener un turismo de bajo impacto, solo se necesita la colaboración de los involucrados, sea comunidades, empresas y gobierno.
Para finalizar, asegura que sí existe turismo de bajo impacto y utilizó como ejemplo el aviturismo, en el que se va al hábitat de las aves y se les observa, algunas veces también con la opción de fotografiarlas bajo ciertas restricciones.
Menciona que quienes quieran acercarse al aviturismo pueden buscar “Festival de las aves Toh” en Facebook e Instagram o ingresar a www.festivalavesyucatan.com para obtener más información.— Pablo César May Pech
