Conclusión de la marcha por el autismo en el Monumento a la Patria, el domingo pasado. La aprobación de la Ley para la Atención, Protección e Inclusión de las Personas Autistas de Yucatán busca mayor inclusión
Conclusión de la marcha por el autismo en el Monumento a la Patria, el domingo pasado. La aprobación de la Ley para la Atención, Protección e Inclusión de las Personas Autistas de Yucatán busca mayor inclusión

La aprobación de la Ley para la Atención, Protección e Inclusión de las Personas Autistas del Estado de Yucatán, en diciembre de 2025 y publicada en febrero de 2026, marca un parteaguas en la política social de la entidad. Sin embargo, especialistas y familiares coinciden en que su verdadero impacto dependerá menos del papel y más de su implementación efectiva.

Desde un enfoque profesional en salud, educación e inclusión social, la legislación representa un cambio de paradigma, pues deja de concebir el autismo únicamente desde la óptica clínica para reconocerlo como parte de la neurodiversidad, lo que implica un rediseño en la forma en que instituciones públicas y privadas deben atender a esta población.

Durante años, familias y asociaciones civiles en el estado operaron en un terreno fragmentado, con acceso desigual a diagnósticos, terapias y espacios educativos. La nueva ley busca corregir esa dispersión al establecer derechos explícitos en materia de salud, educación, empleo e inclusión social.

Para la terapeuta de lenguaje Elizabeth González Franco, uno de los mayores aciertos es la incorporación de la detección temprana y la atención continua como obligaciones del Estado.

Esto podría reducir significativamente los diagnósticos tardíos, una problemática recurrente en el sureste del país.

Asimismo, expresa que la prohibición de negar servicios médicos, educativos o laborales por condición del espectro autista introduce un elemento clave, la posibilidad de sanción. En términos jurídicos, esto transforma derechos aspiracionales en derechos exigibles.

De acuerdo con Margarita González, retirada del área de psicología y educación inclusiva, considera que, de aplicarse correctamente, la ley podría generar beneficios tangibles en tres niveles:

Individual, al garantizar atención integral y acompañamiento a lo largo de la vida; familiar, mediante orientación y apoyo institucional, y social, al fomentar entornos más inclusivos y reducir la discriminación, lo que se buscó por mucho tiempo atrás.

“Desde antes de jubilarme, nos reunimos grupos de padres y maestros para buscar que hubiese una especie de reglamento oficial para los derechos de los niños neurodivergentes, pero no dio frutos. Esto que ocurre ahora, es más esperanzador, ojalá se cumpla”.

Particular relevancia tiene la creación de un Centro Estatal para el Autismo y una comisión interinstitucional, mecanismos que permitirían articular esfuerzos hoy dispersos.

También destaca la capacitación obligatoria a personal de salud, docentes y servidores públicos, un punto crítico ante la falta de formación especializada que actualmente persiste.

Más allá del análisis técnico, la ley toca historias concretas. Para la señora Ana Luisa Román Salcedo, madre de un joven con autismo, el anuncio representa una mezcla de esperanza y cautela.

“Mi hijo pasó por varios colegios cuando era pequeño, no porque no pudiera aprender, sino porque no lo querían aceptar. Siempre había un pretexto, que no estaban preparados, que no tenían el personal, que mejor buscáramos otro lugar”, relata.

Desde su experiencia, considera que la ley llega tarde para muchas familias, pero puede evitar que muchas otras atraviesen el mismo camino.

“Si esto realmente se cumple, ningún niño tendría que ir de escuela en escuela como nos pasó a nosotros. Ojalá no se quede solo en papel”.

Su testimonio refleja una realidad, la exclusión educativa ha sido uno de los principales obstáculos para las personas dentro del espectro autista en la entidad.

El Lic. David Magaña Yam refiere que la ley afronta retos estructurales. El primero es presupuestal, sin recursos suficientes, las disposiciones corren el riesgo de quedar en las carpetas. El segundo es operativo, ya que la coordinación entre dependencias suele ser uno de los eslabones más débiles en la administración pública.

A ello se suma la necesidad de generar datos confiables debido a la falta de estadísticas precisas sobre la población autista en Yucatán que ha dificultado históricamente el diseño de políticas públicas efectivas. La ley contempla la creación de registros, pero su ejecución será determinante.

Otro punto clave será el cambio cultural. La inclusión, señala, no se decreta, se construye. Esto implica sensibilización social, adecuaciones en escuelas y centros de trabajo, así como una vigilancia constante para evitar prácticas discriminatorias normalizadas.

En términos generales, la comunidad profesional coincide en que la nueva legislación es un avance sustantivo. No solo alinea a Yucatán con tendencias internacionales en materia de derechos de personas con discapacidad, sino que también responde a una deuda histórica con este sector de la población.

Sin embargo, el consenso de las opiniones recabadas es que, la ley por sí sola no garantiza el cambio. Su éxito dependerá de la voluntad política, la asignación de recursos y la capacidad institucional para traducir principios en acciones concretas.

La Ley de Autismo en Yucatán llevada a los hechos, sería el inicio de una nueva etapa, donde el reto será convertir el reconocimiento legal en una mejora real en la calidad de vida de las personas dentro del espectro autista.