El reciente incremento en el precio de los combustibles continúa generando efectos en la cadena de suministro, impactando directamente a productores, comerciantes y consumidores en los mercados locales, donde ya se resiente el alza en productos de la canasta básica.
Entre los artículos más afectados destacan el limón y el tomate, insumos esenciales en la gastronomía local. Actualmente, estos productos registranprecios promedio de 41 y 33 pesos por kilogramo en su calidad “de primera”.
Sin embargo, ante el encarecimiento, ha crecido la oferta de productos considerados de “segunda”, que presentan características menos atractivas, como menor tamaño, coloración menos intensa o menor jugosidad.
Esta alternativa permite a los consumidores mitigar el impacto económico, ya que estos productos pueden ofertarse en 24 pesos el kilo de limón y 22 el de tomate, lo que representa una diferencia significativa frente a los productos de mayor calidad.
El sector cárnico también enfrenta un escenario complicado. De acuerdo con locatarios, los precios de la carne de res y de cerdo han tenido aumentos.
Actualmente, la primera alcanza precios promedio de 200 pesos por kilogramo, mientras que la segunda se sitúa en 120 pesos, superando los niveles habituales de 160 y 100 pesos, respectivamente.
Además, los carniceros reportan caída en las ventas de entre 40% y 50%, atribuida tanto al aumento en los precios como a las altas temperaturas, que suelen reducir el consumo de estos productos.
En contraste, algunos insumos locales mantienen estabilidad en sus precios. Productos como la calabacita, el pepino, la pasta para papadzules, la pepita molida y la chaya conservan precios aproximados de 17, 15, 160, 140 pesos por kilogramo y 25 pesos por manojo, respectivamente.
Comerciantes coinciden en que el incremento en los combustibles es uno de los principales factores detrás de estas variaciones, especialmente para productos que requieren constante traslado, como carnes, frutas y verduras.
A esto se suma la disminución en la producción derivada de las altas temperaturas, lo que también incide en la disponibilidad y el encarecimiento de ciertos alimentos.— Pablo May Pech
