Actualmente hay más de 1,500 especies de murciélagos en el mundo, cada una con funciones distintas según su alimentación, señala Diana López Castillo, coordinadora del programa de manejo de fuego de Pronatura Península de Yucatán.
Además hace un llamado a la población para no juzgar ni dañar a los murciélagos.
Detalla que hay especies que se alimentan de néctar, frutas, insectos e incluso pequeños animales, además de las hematófagas, conocidas popularmente como “vampiros”. Sin embargo, subraya que solo tres especies se alimentan de sangre, lo que representa una mínima parte del total de murciélagos existentes.
“Por culpa de estas tres especies se sataniza a todos los murciélagos, cuando en realidad la mayoría son controladores biológicos, dispersores de semillas y polinizadores de enorme importancia”, indica.
Los murciélagos insectívoros ayudan a controlar plagas que afectan cultivos y milpas, funcionando como un control biológico natural. Por su parte, los nectarívoros participan en la polinización de plantas de importancia comercial, como el agave, indispensable para la producción de tequila.
Diana López informa que los murciélagos frugívoros se encargan de la dispersión de semillas y contribuyen a la regeneración constante de las selvas.
Sobre los hematófagos, la especialista dice que no representan un peligro como se ha hecho creer en películas. “En la Península estas especies se alimentan de mamíferos y otras aves, aunque pueden existir casos aislados de mordeduras a personas, la incidencia es muy baja y generalmente ocurre en zonas rurales, especialmente en viviendas cercanas al monte o ranchos, donde las condiciones estructurales permiten el ingreso de estos animales”.
También destaca que en Yucatán los murciélagos hematófagos no representan actualmente un problema de salud pública, como ocurre en otros países de América Latina.
“No es un problema de salud pública como ocurre en otros países como Brasil. En Yucatán la incidencia es muy baja y prefieren atacar a otros mamíferos como vacas, becerros o borregos”.
Añade que la expansión humana, la deforestación y la instalación de ranchos han reducido el hábitat natural de los murciélagos, obligándolos a buscar nuevas fuentes de alimento. Incluso, comenta que algunos ganaderos recurren a medidas contra estas especies por temor al gusano barrenador; sin embargo, aclara que este parásito no depende exclusivamente de las mordeduras de murciélagos para afectar al ganado.
“El gusano barrenador entra por cualquier herida. No necesariamente por una mordida de murciélago, pero muchas veces se culpa únicamente a ellos”, explica.
“Nosotros les quitamos su alimento natural y luego les ponemos una granja prácticamente en bandeja de plata”, comenta.
Oquedades
Además comparte que tanto en cenotes como en las cavernas la presencia de estos animales es completamente normal, ya que estos espacios forman parte de su hábitat natural, pero también aclara que no todos los murciélagos que ahí viven son hematófagos.
Señala que es dependiendo de las condiciones de las cuevas, pueden encontrarse especies insectívoras, frugívoras o nectarívoras. Generalmente prefieren sitios oscuros, poco ventilados y con baja presencia humana.
También advierte sobre prácticas dañinas como la destrucción de cuevas, el sellado de cavernas y el uso indiscriminado de redes para capturarlos, acciones que muchas veces surgen por desinformación y miedo.
