Un monitoreo realizado en más de cuatro mil hectáreas vinculadas a instalaciones productivas permitió registrar 593 especies de fauna y más de cuatro mil individuos silvestres; los hallazgos fueron reunidos en el libro “Santuarios de la Biodiversidad”, presentado por Kekén.

Cinco de las seis especies de felinos presentes en Yucatán, aves migratorias, reptiles, anfibios y mamíferos terrestres forman parte de los hallazgos registrados en áreas de conservación ubicadas alrededor de instalaciones productivas de Yucatán, resultado de un monitoreo ambiental desarrollado durante dos años y plasmado en el libro “Santuarios de la Biodiversidad”, presentado la noche del jueves en la Quinta Montes Molina por Kekén, Grupo Porcícola Mexicano S.A. de C.V.

La publicación reúne registros científicos y visuales obtenidos en tres puntos del estado: el complejo “Granja Kinchil”, en el poniente yucateco; la planta procesadora Sahé, en Tixpéhual; y el complejo “Granja Sotuta”, en la zona centro de la entidad, donde se documentó la presencia de 593 especies y más de cuatro mil individuos silvestres, indicadores que, desde el punto de vista ecológico, permiten medir riqueza biológica y abundancia de fauna. El proyecto integra un catálogo ilustrativo de especies agrupadas en herpetofauna, conformada por reptiles y anfibios; ornitofauna, referente a aves silvestres residentes y migratorias; y mastofauna, donde se incluyen mamíferos terrestres y voladores, algunos bioindicadores del estado de salud de los ecosistemas.

De acuerdo con Alicia Núñez Turriza, gerente de Responsabilidad Ambiental de Kekén, el monitoreo forma parte de un programa de conservación más amplio que actualmente contempla alrededor de 13 mil hectáreas destinadas a preservación ambiental. “Hoy tenemos más de cuatro mil hectáreas monitoreadas. Son áreas de selva baja y, en algunos casos, de selva mediana, donde hemos podido identificar 25 especies endémicas y más de 40 enlistadas en la NOM-059”.

Categorías de riesgo

La Norma Oficial Mexicana NOM-059-SEMARNAT-2010 clasifica especies de flora y fauna silvestres bajo distintas categorías de riesgo, de modo que la presencia de varios de los ejemplares registrados en esta lista representa un indicador relevante para evaluar la estabilidad de los hábitats.

Entre los hallazgos destacó la presencia del puma y del pavo ocelado, especies sujetas a monitoreo especial debido a su relevancia ecológica y nivel de vulnerabilidad. Según explicó Núñez Turriza, una de las observaciones más significativas ha sido documentar procesos reproductivos y presencia de crías, un comportamiento que suele asociarse con ecosistemas funcionales. “Las especies que no están en un hábitat sano difícilmente permanecen y mucho menos se reproducen. Poder observar crías es un indicador de salud ambiental”, comentó.

La especialista añadió que las zonas de riego dentro de algunas áreas monitoreadas también funcionan como refugios temporales para fauna durante temporadas de calor extremo, favoreciendo particularmente a aves migratorias.

Uno de los componentes del proyecto fue la participación de habitantes de comunidades cercanas a las áreas de conservación. Más de 200 personas colaboraron en la apertura de brechas, identificación de sonidos de aves y reconocimiento de rutas de fauna, combinando conocimientos tradicionales del territorio con herramientas científicas y monitoreo técnico. “Para que un proyecto de conservación sea sostenible tiene que involucrar a las comunidades”, subrayó Núñez Turriza al destacar el papel de pobladores que participaron en recorridos y observaciones de campo.

Como parte del protocolo, autoridades municipales de las zonas involucradas recibieron ejemplares simbólicos del libro, en reconocimiento a la colaboración institucional y comunitaria durante el proceso. Participaron representantes de los ayuntamientos de Kinchil, Tixpéhual y Sotuta, municipios donde se ubica parte de las áreas monitoreadas.

La documentación fotográfica estuvo a cargo del fotógrafo de naturaleza Mike Díaz, originario de Mérida, quien recorrió durante meses caminos de selva yucateca para registrar especies difíciles de observar. El fotógrafo reconoció que desconocía el alcance del proyecto, pero su percepción cambió al conocer el trabajo de investigadores, especialistas y brigadas ambientales involucradas.

Las jornadas comenzaban antes del amanecer. A las cuatro de la mañana emprendía trayectos hacia distintas zonas con equipo fotográfico y de seguridad para recorrer kilómetros de vegetación en silencio, atento al movimiento de aves, reptiles y mamíferos.

“En la selva pasas a ser un observador”, compartió durante la presentación al describir experiencias de campo que incluyeron el avistamiento de especies en cortejo, cuidado de crías y encuentros fugaces con fauna difícil de captar en cámara.

Entre los registros obtenidos figuran aves endémicas de Yucatán, así como especies migratorias que utilizan el territorio peninsular como corredor temporal. El libro incorpora además ilustraciones en acuarela realizadas por la artista multidisciplinaria Ángeles Rojas, radicada en Mérida, cuya obra complementa el carácter documental del proyecto.

En su mensaje de agradecimiento, el director general de Kekén, Claudio Freixes Catalán, sostuvo que los esfuerzos de monitoreo y conservación forman parte de una estrategia ambiental desarrollada desde hace más de dos décadas, en paralelo con sistemas tecnológicos implementados para reducir impactos ambientales. Explicó que entre las medidas impulsadas figuran biodigestores y procesos para el tratamiento de emisiones, además de programas comunitarios vinculados con salud, apicultura e inclusión laboral.

Freixes Catalán afirmó que la tarea apenas comienza. El objetivo del proyecto es ampliar progresivamente el monitoreo hacia la totalidad de las áreas de conservación vinculadas con la actividad productiva, con la intención de documentar qué ocurre en los ecosistemas circundantes y cómo evolucionan las poblaciones de fauna. Más allá del registro visual, “Santuarios de la Biodiversidad” busca convertirse en una herramienta de divulgación sobre las especies que habitan la selva yucateca y los procesos ecológicos que persisten en zonas donde producción y conservación intentan coexistir.— Darinka Ruiz Morimoto