Con la llegada de las lluvias en la región, la expectativa generalizada suponía una disminución en los precios de los productos del campo, especialmente las frutas y verduras, que son las más susceptibles a los cambios climáticos.
Sin embargo, en el eslabón comercial que trata directamente con los productores, el impacto de los aguaceros muestra un “doble filo”: mientras algunos productos comienzan a ceder, otros resienten los excesos de humedad.
Durante un recorrido por la Central de Abasto de Mérida se constataron movimientos encontrados en las pizarras de los precios.
Entre la mercancía que registra una baja considerable en sus cotizaciones promedio por kilogramo destaca el tomate, a 31 pesos; el limón, a 16 pesos; la naranja dulce, a 17 pesos, y la naranja agria, a 22 pesos.
Daniel Bardosa, propietario de un establecimiento de frutas y verduras y con siete años de experiencia en el ramo, explicó cómo las precipitaciones cambiaron de inmediato el mercado, afectando tanto a productores locales como a los consumidores finales.
De acuerdo con el comerciante, el exceso de agua perjudica principalmente a los cultivos que crecen a nivel del suelo. Entre las hortalizas locales más afectadas en los últimos días, según dijo, se encuentra la calabaza, cuyo precio ya alcanza los 40 pesos por kilo en los anaqueles.
Una situación similar de encarecimiento se vive con el chile xcatic y el chile habanero, que se han disparado hasta los 200 pesos por kilo, mientras que el aguacate local escaló a los 75 pesos el kilo, pero éste impulsado por una alta demanda.
Por su parte, la papa —un tubérculo que requiere humedad, pero también un óptimo drenaje— se mantiene en un promedio de 40 pesos por kilo.
El panorama de precios no solo depende de las condiciones climáticas del estado, sino también de los factores que golpean a los proveedores de otras entidades de la República.
El comerciante señaló que mientras en Yucatán el problema son las inundaciones locales, en el resto del país las cosechas pueden resultar afectadas por granizadas o descensos abruptos de temperatura. Asimismo, los fletes terrestres juegan un papel crucial en las variaciones de costos.
“Los camiones que vienen desde Puebla o Tijuana trayendo tomate pueden quedarse parados por una inundación o el desborde de un río, y ese cargamento se queda varado; entonces el precio sube aquí por la falta de mercancía”.
El entrevistado precisó que estos fenómenos no se reflejan de forma inmediata en el bolsillo de los ciudadanos. Aunque los precios mayoristas varían casi a diario, una fluctuación considerable puede tardar semanas en manifestarse.
Muestra de ello es que actualmente varios productores de cítricos mantienen precios elevados debido a la intensa sequía de semanas atrás, porque la mercancía que se comercializa hoy en día proviene de ese período seco, donde los costos para mantener vivos los árboles se elevaron en forma sustancial.
No obstante, el pronóstico a largo plazo resulta favorable para la economía familiar en ciertos rubros, ya que de mantenerse las lluvias de temporada se anticipa que el precio del limón y del tomate continúe con una tendencia a la baja durante las próximas semanas. — Pablo César May Pech
