La proliferación de perros en situación de calle en esta ciudad y en diversos puntos del estado se ha convertido en un factor de riesgo tanto para la seguridad de la población como para la fauna local.
Esta problemática cobró relevancia recientemente tras el ataque registrado en el Parque Zoológico del Centenario, donde un grupo de canes ingresó a las instalaciones con consecuencias fatales para seis animales en exhibición.
Ante la formación de jaurías en la vía pública, el médico veterinario Ernesto Kantún dice que el factor primordial que lleva a los perros ferales a agredir a otros animales es la búsqueda de recursos básicos para su supervivencia, “el hambre es el detonante principal de estos comportamientos”.

El profesional señala que los animales callejeros suelen identificar a otras especies como una fuente potencial de alimento. Sin embargo, precisa que en los ataques también intervienen conductas ligadas a la defensa del territorio y a los ciclos reproductivos de los caninos.
“Cualquier animal que ingrese a un espacio que los perros consideran suyo puede ser agredido. Esto se vuelve más evidente cuando se trata de grupos o jaurías”, advierte Ernesto Kantún.
Enfermedades por animales callejeros
Además del peligro físico por agresiones, el veterinario alerta que estos animales se transforman en vectores de diversas enfermedades.
Entre las afecciones más comunes que transmiten se encuentran los parásitos externos, como pulgas y garrapatas, así como gusanos gastrointestinales que comprometen la salud de otras especies y de las personas.
También comenta que en el caso de la fauna emparentada con los perros, como los coyotes, existe el riesgo latente de transmisión de enfermedades virales y bacterianas propias de los cánidos, llegando en situaciones extremas a la propagación de padecimientos graves como la rabia.
Al establecer la diferencia entre un canino recién abandonado y uno en estado feral, el especialista aclara que ambos pueden representar un nivel de peligro similar, aunque por causas distintas.
“ En el caso del perro recién dejado en la calle, el animal experimenta elevados niveles de estrés, miedo y desorientación, condiciones que suelen activar conductas agresivas como un mecanismo de defensa.
“Por el contrario, el perro feral ha perdido por completo el vínculo con los seres humanos y ha desarrollado plenamente sus instintos de caza y supervivencia, lo que le permite actuar con mayor eficacia al momento de capturar recursos o defender su entorno”, señala.
El especialista subraya que los perros que actúan de forma grupal muestran una mayor organización, lo que incrementa el riesgo para la fauna silvestre, las mascotas y las personas, sin que exista una categoría única de víctimas, ya que cualquier animal puede ser su blanco.

Ataques de perros callejeros
Durante los últimos años se ha documentado un incremento en los ataques perpetrados por estas jaurías.
De acuerdo con el análisis del profesional, esta situación se vincula de forma directa con el abandono constante de mascotas y con la disponibilidad de alimento que algunas personas les proporcionan en la vía pública, factor que paradójicamente favorece una mayor tasa de reproducción y supervivencia de las crías.
“La consecuencia directa es el aumento poblacional de individuos caninos y, por ende, una mayor necesidad de comida y territorio. Esto empuja a las jaurías a atacar o desplazar a las especies nativas de los ecosistemas donde terminan estableciéndose”, apunta.
Ante este panorama, el profesional considera que el problema requiere de una atención integral que involucre la promoción de la tenencia responsable de mascotas, la implementación de campañas masivas de esterilización y la aplicación de acciones orientadas a reducir el abandono animal, medidas indispensables para salvaguardar a la población y proteger la biodiversidad local.
