Burbuja, una cría de loro de apenas casi tres meses de edad, sobrevivió a una cirugía en la que perdió entre 70% y 80% de su buche tras sufrir una quemadura ocasionada por alimento demasiado caliente.
Su caso, que se viralizó en redes sociales, evidenció los riesgos que representan las creencias populares sobre la crianza de estas aves.
Especialistas en fauna silvestre advirtieron que muchas de las prácticas tradicionales para alimentar a las crías de loros carecen de sustento científico y pueden ocasionar lesiones irreversibles e incluso la muerte.
La médica veterinaria zootecnista especializada en fauna silvestre, Silvana Beatriz Montalvo Góngora, explica que de 80% a 90%de los loros que atiende en la Península de Yucatán proviene de tenencia ilegal.
“Muchas personas saben que tenerlos está prohibido y aun así continúan haciéndolo. La mayoría de los casos proviene de municipios fuera de Mérida, donde estas prácticas siguen muy arraigadas”, señala.
El doctorante en Ciencias Biológicas e integrante del Programa de Aves Urbanas Mérida, Gilberto Manuel González Kuk, indica que la captura de loros para venderlos o mantenerlos como animales de compañía continúa en distintas comunidades del estado.
Estas prácticas forman parte de costumbres transmitidas durante generaciones, expone, por lo que el manejo de las aves suele basarse en conocimientos empíricos y no en información científica.
“Los loros en vida libre consumen una alimentación muy diversa que responde a sus necesidades metabólicas. Basar su dieta únicamente en maíz o preparados caseros puede alterar el funcionamiento normal de su organismo durante el desarrollo”, dice.
El especialista también desmiente la creencia de que determinados alimentos ayudan a que los loros aprendan a hablar.
“La capacidad de vocalización forma parte de su comportamiento natural y no depende del alimento que consuman. Además, intentar modificar esa conducta para satisfacer intereses humanos plantea un debate ético”, afirma.
Silvana Montalvo relata que Burbuja llegó con una perforación en el buche y quemaduras de tercer grado que se extendían desde el inicio del esófago hasta la parte inferior de éste.
“Fue una quemadura completa. No era únicamente una perforación pequeña, sino una lesión muy extensa que obligó a retirar entre el 70% y el 80% del buche durante la cirugía”, explica.
Las lesiones fueron provocadas por la administración de papilla a una temperatura demasiado alta mediante alimentación manual.
Tras la intervención, la recuperación requirió semanas de cuidados intensivos. Durante los primeros días, el ave únicamente podía consumir un mililitro de alimento por toma, por lo que debía alimentarse prácticamente cada hora.
Actualmente Burbuja continúa en rehabilitación y comenzó la transición de la papilla al alimento sólido, una etapa que será determinante para conocer si podrá mantener un peso adecuado y llevar una vida relativamente normal.
La veterinaria advierte que este tipo de lesiones puede dejar secuelas permanentes, como dificultades para almacenar alimento o episodios constantes de regurgitación.
Ambos especialistas coinciden en que una de las principales causas de enfermedad en los loros mantenidos en cautiverio es la alimentación inadecuada.
Silvana Montalvo explica que actualmente existen alimentos balanceados formulados específicamente para psitácidos, conocidos como pellets, los cuales deben constituir la base de la dieta cuando estas aves permanecen bajo cuidado humano.
A esa alimentación deben añadirse frutas y verduras variadas, así como mezclas especiales de semillas en cantidades controladas.
Uno de los errores más frecuentes, dice, es ofrecer únicamente semillas de girasol o alpiste.
“La semilla de girasol es como una hamburguesa para ellos. Contiene mucha grasa y su consumo excesivo puede provocar obesidad, enfermedades hepáticas y problemas cardiacos”, señala.
La especialista recuerda que los loros poseen una inteligencia comparable con la de un niño de entre tres y cinco años. Además de una alimentación adecuada, requieren enriquecimiento ambiental mediante juguetes, ramas y materiales que puedan destruir con el pico, comportamiento indispensable para mantenerlo sano.
Finalmente, recomienda que quienes tengan un loro bajo su cuidado acudan al menos dos veces al año con un médico veterinario especializado en fauna silvestre para realizar revisiones clínicas y detectar enfermedades de manera oportuna, ya que estas aves suelen ocultar los síntomas hasta que los padecimientos se encuentran muy avanzados.
Por su parte, González Kuk reitera que la mejor forma de proteger a estas especies es evitar su captura y conservarlas en libertad, pues desempeñan un papel fundamental como dispersoras de semillas y contribuyen al equilibrio de los ecosistemas de la Península de Yucatán.— Ilse Noh Canché
Semillas
Uno de los errores más frecuentes es ofrecer solo semillas de girasol o alpiste a los loros, dice la veterinaria Silvana Beatriz Montalvo Góngora.
Lácteos
También advierte que algunos propietarios les ofrecen pan, café, leche o chocolate debido a la tendencia de humanizar a estas aves. “Los loros son intolerantes a los lácteos. Muchas veces llegan con problemas digestivos severos o con acumulación de grasa por consumir alimentos destinados a las personas”.
