Más allá de la producción de miel, las abejas nativas sin aguijón cumplen un rol indispensable en la Península de Yucatán al garantizar la polinización del 80% de la flora local —silvestre y cultivada—, un ecosistema al que las variantes europeas introducidas no logran adaptarse por completo.
Joana Carrillo Burgos, representante de Cole Cab, A.C., advirtió sobre la urgencia de ampliar las estrategias de protección a la totalidad de los insectos autóctonos del estado.
Esta agrupación fue fundada por mujeres hace 13 años. Se dedica a la conservación, el rescate y la difusión de la importancia de estas especies y otros polinizadores.
“No podemos hablar de conservación pensando solamente en una especie; la riqueza de Yucatán está precisamente en su diversidad y proteger a las abejas nativas sin aguijón significa proteger a todas, las grandes, las pequeñas, las conocidas y también aquellas que pasan desapercibidas”, afirmó Joana Carrillo.
En la Península, explicó, existen 18 especies de este grupo que requieren salvación y protección, pues la atención pública suele concentrarse de forma casi exclusiva en la “xunán kab” (“Melipona beecheii”).
Herencia y valor
La meliponicultura en la región posee profundas raíces históricas ligadas a la civilización maya, con registros de meliponarios en vestigios arqueológicos y la veneración a Ah Muzen Kab, deidad resguardadora de la miel y proveedora de los apicultores. En aquella época, el dulce se utilizaba como ofrenda en ceremonias y rituales para pedir el cuidado de los insectos o mejorar las cosechas.
Lejos de quedar relegada a los museos, la práctica mantiene vigencia e incide en la gastronomía regional al polinizar plantas esenciales como el achiote —base de la cochinita pibil— y el chile habanero, además de flora que brinda sombra, oxígeno y refugio a las aves, las mariposas, los murciélagos y más fauna silvestre.
En la medicina tradicional se emplea para la limpieza ocular (siempre con recomendaciones médicas), cicatrización, úlceras gástricas y afecciones del sistema digestivo y respiratorio, como el asma.
El producto dista mucho de la miel comercial accesible en tiendas de abarrotes, tortillerías o puestos naturistas. Una colmena de abeja europea (“Apis mellifera”) produce anualmente entre 50 y 70 litros, con un precio promedio de $120 por litro.
En contraste, la miel de abeja sin aguijón es escasa y compleja de obtener: rinde entre 250 mililitros y dos litros al año por colmena según la especie, alcanzando un costo de $2,100 a $2,600 por litro.
Esta diferencia se justifica por su rareza y por sus superiores propiedades nutricionales.
Con base en investigaciones del Centro de Investigación Científica de Yucatán (CICY) sobre el polen, Joana Carrillo detalló que el polen de abeja melipona posee un 50% de valor nutricional —lo que representa un importante auxilio para personas anémicas—, frente al 28% registrado en el polen de la abeja “Apis” introducida.
Las mayores amenazas para las 18 especies nativas radican en la deforestación, el cambio climático, la competencia con la abeja europea y el uso de agroquímicos.
A ello se suma el impacto de las campañas urbanas de fumigación contra el dengue durante la época de lluvias, las cuales afectan a las colmenas instaladas en predios y parques de la ciudad.
“La mayoría de los meliponarios los tienen cerca de casa, en las partes traseras, porque estas abejitas necesitan cuidados especiales, pues al final no se pueden defender”.
“Como están en zonas cercanas a donde están las personas, al haber fumigaciones baja la población por los químicos”.
“Una de las consideraciones que habíamos pedido a los gobiernos es que las fumigaciones las hagan en horario nocturno y si pueden usar otros químicos orgánicos que ayuden a los polinizadores, porque no vas a matar solo a las abejas, vas a matar a las demás especies”, expuso.
La activista aseguró haber registrado 15 colmenas en árboles, paredes y parques de su zona urbana.
Pese a estos riesgos, la ciudadanía ha reducido el uso de pesticidas en jardines y recurre a productos orgánicos tras 13 años de labor comunitaria, destacó.
Asimismo, la activista reportó una notable recuperación en la producción de miel este año respecto a períodos anteriores marcados por el calor y la sequía, logrando llenar nuevamente los recipientes en menos de medio año tras la cosecha realizada entre marzo y abril.— PABLO MAY PECH


