La mayoría de los padres de familia cuyos hijos menores son diagnosticados con Trastorno del Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) suele descubrir en su etapa adulta que incluso ellos tienen esta condición, que no es propiamente una enfermedad, sino una forma de vida diferente.
Se trata de un problema del desarrollo del cerebro que empieza en la niñez y causa falta de atención, movimiento de más o hiperactividad, así como acciones sin pensar o impulsividad.
Según la Organización Mundial de la Salud, es muy frecuente que un padre o una madre descubran que tienen TDAH tras el diagnóstico de un hijo, debido a su alta carga genética, el reconocimiento tardío de los síntomas y la mayor información clínica actual.
El TDAH es de alta heredabilidad. Posee un origen genético estimado entre el 70% y 80%.
Por esta fuerte base biológica, es habitual que al menos uno de los progenitores comparta la condición, reconociendo patrones similares de conducta o historia de distractibilidad en su propia infancia.
Muchos adultos, en especial mujeres o personas con perfil predominantemente inatento, desarrollaron estrategias de compensación y pasaron desapercibidos en su juventud.
Al conocer las características clínicas y de comportamiento evaluadas en sus hijos, los padres logran contextualizar sus propias dificultades históricas de organización, concentración e impulsividad.
Las señales más comunes del TDAH en adultos —que se confunden con estrés, ansiedad o problemas de organización— son la desorganización crónica, la mala administración del tiempo y la inquietud interna.
Adultos con TDAH
Entre las actitudes de los adultos con TDAH están dejar pendientes importantes para el final porque no saben cómo empezar, sentir que todo es igual de urgente, no poder ordenar las tareas diarias, perder objetos o descuidar detalles por lo que pareciera falta de interés o exceso de trabajo.
También la sensación constante de tener la mente acelerada o estar “impulsado por un motor”, baja tolerancia a la frustración, reaccionar con enojo o estrés extremo ante imprevistos pequeños, inquietud física o incapacidad para descansar sin sentirse culpable.
¿Qué consecuencias puede tener el llegar a los 30, 40 o 50 años sin saber que se vive con TDAH, tanto en el ámbito laboral como en las relaciones familiares?
Llegar a la edad adulta sin un diagnóstico de TDAH suele dejar una huella profunda. Al no saber qué ocurre, la persona suele atribuir sus dificultades a fallas personales, lo que genera consecuencias graves en su vida.
