cartas a Diario de Yucatán

Recibimos un escrito del expresidente del Colegio Yucateco de Arquitectos A.C, Arq. Francisco Javier Rodríguez Vadillo, que dice lo siguiente:

En el bosque político, hasta los pájaros tienen memoria

Después de que Diario de Yucatán publicara mi columna «La Rosa de Guadalupe, pero azul», descubrí que en la política yucateca basta sacudir una rama para despertar un coro de pájaros. Algunos cantan por convicción; otros, por costumbre. Y ciertos ejemplares afinan misteriosamente cuando alguien les aproxima una candidatura.

Uno de ellos visitó mi ventana. Era Reni, un toh azul turquesa, cola de péndulo y temperamento de Angry Bird. No venía a anunciar las exequias de Acción Nacional. Traía una inquietud menos solemne, aunque más incómoda: que la casa azul conservara habitantes capaces de abrir sus propias ventanas.

Su canto giraba alrededor de Cecilia Patrón. No pedía coronas ni repartía bendiciones electorales. Reclamaba un liderazgo propio, sin compromisos heredados ni manos ajenas sujetándole la pluma. Porque una cosa es compartir un proyecto y otra solicitar autorización al vecino para mover los muebles de la propia casa.

Todavía resonaba aquel trino cuando Roger Torres Peniche publicó una carta que volvió a inquietar el follaje. Rechazó las especulaciones sobre una conspiración contra el PAN en 2024, atribuyó principalmente a Renán Barrera la responsabilidad de aquella derrota y cuestionó las mudanzas partidistas de Liborio Vidal, ahora interesado en Morena.

El asunto adquirió el encanto de una sobremesa yucateca: todos recordaban quién sirvió los panuchos, pero algunos parecían haber olvidado quién invitó a los comensales.

Para completar el concierto, el profesor Roger González escribió otra columna sobre las andanzas del llamado «Amigo Libo». Recordó su registro en Morena, sus anteriores militancias y las versiones sobre acuerdos políticos que habrían dejado funcionarios vinculados a él en el Ayuntamiento meridano. Versiones que merecen comprobarse, naturalmente, antes de convertirlas en historia oficial.

El profesor añadió una expresión deliciosa: «coherencia retroactiva». Curiosa virtud que permite descubrir hoy convicciones que, según su nuevo propietario, permanecían discretamente guardadas desde 2006. Veinte años de maduración ideológica: ni ciertos vinos de Burdeos exigen tanta paciencia.

Porque si la trayectoria de Liborio merece examinarse, también conviene recordar quiénes le abrieron anteriormente las puertas del panismo. Los antecedentes no aparecen por generación espontánea cuando alguien cambia de camiseta. Siempre estuvieron allí, aunque quizá la iluminación de entonces favorecía otros ángulos.

No se trata de absolver candidatos ni de fabricar conspiraciones. Una elección puede perderse por muchas razones, y cargar toda la responsabilidad sobre una sola espalda resulta tan cómodo como culpar a la última columna que cedió durante el desplome de un edificio.

Como arquitecto aprendí que las grietas rara vez comienzan donde finalmente aparecen. A veces nacen bajo el aplanado, en decisiones apresuradas o en cargas que nadie quiso calcular. Repintar la fachada proporciona tranquilidad estética, pero no devuelve resistencia a los cimientos.

Y cuando llegan las lluvias de octubre, tan generosas como las promesas electorales, el agua descubre aquello que los discursos procuraron mantener seco.

Por eso recordé a Reni.

Su canto no pedía dinamitar la casa de los Pitufos, sino revisar sus instalaciones. Unidad no significa subordinación. Una habitación llena de manos levantadas puede parecer una asamblea ejemplar; también puede ser una coreografía donde solamente uno conoce los pasos y los demás procuran no pisarle los zapatos.

Roger plantea interrogantes sobre responsabilidades y congruencia. El profesor añade otra perspectiva sobre las lealtades partidistas. Lo indispensable es impedir que las sospechas sustituyan las pruebas. En política, la palabra traición circula con tanta facilidad que pronto necesitará un carril preferente, como el Va y Ven, aunque con una diferencia: en este recorrido sobran los transbordos y nadie parece pagar el pasaje.

Mientras tanto, Liborio cambia de escenario y resurge una pregunta: ¿las convicciones acompañan a las personas o permanecen cuidadosamente archivadas en las oficinas del partido anterior?

La respuesta corresponde al ciudadano, cuya memoria no necesita intérpretes profesionales del arrepentimiento.

¿Y Cecilia?

Allí permanece la preocupación del toh azul. Su liderazgo habrá de apreciarse por sus decisiones, autonomía y resultados, no por la cantidad de padrinos políticos empeñados en aparecer en la fotografía. La independencia consiste, también, en conservar la facultad de decirles que no.

No conozco las alcobas del panismo ni pretendo administrar sus afectos. Bastante complicado resulta averiguar quién invitó a quién a comer cochinita y quién terminó ofendido porque no le reservaron el último taco.

Pero desde la banqueta se distingue algo: los partidos pueden sobrevivir a una derrota; les resulta más difícil sobrevivir cuando confunden sus principios con los intereses pasajeros de sus dirigentes.

Le agradezco a Reni su canto, a Roger su carta y al profesor su ingeniosa observación. Apenas contemplo esta fauna política con la curiosidad de quien descubre que hasta los nidos tienen escrituras, herederos y ocasionales invasores.

Porque los ciudadanos, aunque carezcamos de alas y presupuesto partidista, conservamos algo verdaderamente nuestro: la libertad de pensar antes de votar.

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