• Los días de muertos y el Hanal Pixán tienen distintos orígenes, aunque su finalidad central es el recuerdo de los seres queridos fallecidos. A mediados del siglo XIX ya se tiene referencia de la festividad yucateca
  • Arriba, una parte importante de la mesa de difuntos es la colocación de los artículos que usaba en vida el fallecido. A la izquierda, el adorno de los altares ha incorporado flores de otras regiones del país, pues ya no solo se usa el xpujuc o el amor seco
  • Arriba y a la derecha, guisos, postres y otros alimentos que disfrutaba el fallecido tienen un lugar proponderante en el altar de Hanal Pixán
  • La cruz verde revela el sincretismo maya-cristiano del festejo

MÉRIDA.- Los días de difuntos y el Hanal Pixán son celebraciones parecidas, pero diferentes entre sí porque, aunque las dos recuerdan a los muertos, la conmemoración de estos días se realiza de manera distinta.

La primera está apegada a las creencias cristiano-católicas y la segunda es resultado del sincretismo religioso vinculado a los mayas.

El antropólogo Indalecio Cardeña Vázquez explica las diferencias entre estas festividades, que varían en su significado.

Todos los Santos, Fieles Difuntos y Hanal Pixán: ¿qué distingue estas fechas?

Desde el punto de vista cristiano-católico se celebran Todos los Santos y Fieles Difuntos el 1 y 2 de noviembre, detalla. Por lo general se acostumbran en estas fechas el rezo del rosario y las misas por el alma de quienes ya fallecieron.

El Hanal Pixán, por otro lado, es la celebración maya cristiana, resultado del sincretismo religioso que los mayas elaboraron a partir de las celebraciones cristiano-católicas con las ideas que ellos tenían acerca de la muerte y de los muertos.

“La ceremonia que conocemos aparentemente estaría surgiendo en el siglo XVIII. Digo aparentemente porque para la época de la Colonia no hay referencia documental exacta al respecto”.

Además, señala que fray Diego López de Cogolludo, historiador y cronista español, no lo menciona y otras fuentes tampoco.

En el siglo XIX ya hay una referencia muy clara y exacta a esta celebración, aunque de un modo un tanto indirecto: a partir de una anécdota que narra el investigador estadounidense John Lloyd Stephens, cuando estuvo en la región en 1840 en días de muertos, a quien le regalan un pib.

En cuanto a la celebración del 31 de octubre, apunta que parte de una manera muy propia de celebrar estos días en la región, pues ese día suele dedicarse a los niños.

No está documentado desde cuándo el 31 de octubre se agregó a estas celebraciones de días de muertos.

¿Qué se colocaba antes en la mesa (altar) del Hanal Pixán?

Sobre la mesa, el antropólogo recuerda que suele colocarse en ella las fotografías de los familiares difuntos, una cruz verde, viandas y algunos objetos.

También comenta que ha habido cambios a lo largo de los años, hay cosas que se han incluido y otras que se han dejado de poner.

Esto es el resultado de las modificaciones y el dinamismo que tiene la cultura y la sociedad, sin que se pierda el sentido real que es el de honrar la memoria de los difuntos.

El experto puntualiza que antes se ponían comidas diferentes, según el momento del día, había una comida para el desayuno, otra para el almuerzo y una más para la cena.

“Se procuraba que los alimentos no sean picantes, que no estén muy condimentados. Y de bebidas, se pone agua y lo que al difunto le gustara. Por ejemplo, se ponía chocolate para el desayuno o la cena; para la hora del almuerzo, el guiso, que variaba según el gusto del difunto”.

Sobre el popular pib o mucbilpollo, indica que la costumbre era ponerlo en la mesa a los ocho días. No se ponía los días de Todos los Santos y de Fieles Difuntos, sino hasta el octavario.

¿Por qué se colocaban jícaras y no vasos en las ofrendas del Hanal Pixán?

Hasta mediados del siglo pasado la comida se ponía en jícaras, pero a partir de la segunda mitad del siglo XX se comenzaron a usar los vasos y platos para ello.

“Se solían evitar los utensilios de cristal, porque se dice que las almas se pueden espantar, irse y perderse”.

En cuanto a las comidas variadas y contemporáneas que se ponen ahora en la mesa de los difuntos, señala que es válido, pues la intención es poner lo que al difunto le agradaba, así que no necesariamente serán los guisos yucatecos como el chirmole, el puchero o los tamales.

Lo mismo sucede con las bebidas.

El entrevistado cuenta que antiguamente tampoco se usaban clavos en la mesa que se usaba para las ofrendas, lo que se hacía era sujetar los tablones de madera con sogas o bejucos, algo que se hacía para no herir a las ánimas.

También se suele poner en la ofrenda los objetos que el difunto empleaba para su trabajo o labor, algo que casi ya no se hace en la actualidad.

Si la persona se dedicaba al campo o la agricultura se ponía una coa, soga u otros objetos que se relacionaran con eso; si era médico, se colocaba el estetoscopio, por ejemplo.

Yucatán: Tradición de los días de finados

Al Hanal Pixán actual ya se le integraron elementos que provienen de otras partes de la República Mexicana.

Camino de ceniza

El antropólogo Indalecio Cardeña Vázquez indica que a la costumbre del Hanal Pixán ya se le incorporó un camino de ceniza para que las ánimas pasen, algo que al parecer es elemento de otras regiones del país.

Flores

“Algo similar ocurre con las flores, pues se solía usar en las ofrendas el xpujuc, pero ahora también se utiliza la flor de cempasúchil que proviene del centro del país”.

Transformación

El investigador resalta que esto es muy interesante porque muestra que a la cultura nadie la gobierna, nadie puede establecer hábitos y costumbres de una forma férrea, “porque la misma sociedad va incorporando o eliminando elementos o rasgos, algo que ocurre porque la sociedad considera que unos dejaron de funcionar o que ya no le representan algo”.

Cuidadosos

No obstante, Indalecio cardeña destaca que hay que tener cuidado, pues los cambios, como en este caso en la mesa de los difuntos, deben hacerse con una plena conciencia, puede haber una variación, pero debe haber una razón válida para ello, se debe entender por qué se está haciendo y no solo hacer modificaciones porque sí, sin motivo alguno.

Pertenencia

“La cultura no le pertenece a nadie más que a la sociedad en su conjunto, y la sociedad en su conjunto decide lo que hay, pero vale la pena tomar en cuenta los aspectos y rasgos de una tradición, para que siga teniendo fuerza, y sigan teniendo sentido los elementos que la integran”, señala el entrevistado.

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