TENANTLA, México (AP) — Quien sea que gane las elecciones presidenciales del domingo tendrá que enfrentar no solo a los cárteles de la droga de México, sino también un nuevo tipo de crimen que involucra a barrios enteros que desafían a la policía y al personal militar.

Esto quedó demostrado en la localidad jalisciense de Ciudad Guzmán _un bastión del Cártel Jalisco Nueva Generación_ a principios de junio, cuando una multitud de hombres y mujeres rodearon dos camionetas que transportaban marinos armados.

Los habitantes se burlaron de los militares, les arrojaron piedras y botellas de agua y patearon varias veces a un marino mientras dos camaradas lo rescataban.

Presuntamente protestando por la desaparición de un joven, la multitud luego pintó las iniciales del cártel en un vehículo destrozado de la Armada.

Este tipo de delitos “socializados” o “masivos” se están extendiendo en México a medida que comunidades enteras vacían trenes de carga o roban miles de galones de combustible en oleoductos.

Edgardo Buscaglia, investigador de la Universidad de Colombia y experto en temas de seguridad, dice que esto sucede porque “la lógica” de la gente es que ven a políticos y funcionarios robando desde hace mucho tiempo, y ahora ellos se sienten con el mismo derecho a robar.

En mayo, hombres armados rompieron las cerraduras de dos supermercados en la sureña ciudad de Arcelia, en el estado de Guerrero, y permitieron que los vecinos los saquearan. La policía no apareció por horas.

El portavoz de seguridad de Guerrero, Roberto Álvarez, dijo que los dueños de las tiendas rechazaron las demandas de extorsión de una división local del cártel de La Familia y que el saqueo era un castigo por no pagar.