Por Franklin Recio (*)
Las energías renovables están cambiando rápidamente el panorama eléctrico. No se observa que haya voluntad para mejorar la infraestructura existente y esta se convierta en la plataforma para promover y desarrollar nuevas alternativas, necesarias para formar un México competitivo, limpio y socialmente responsable. Por una parte, existe la diversidad de nuevas fuentes de generación, fotoeléctrica, eólica, undimotriz (por las olas del mar), etc. Por otro lado, los consumos están cambiando, en pocos años veremos el cambio fundamental para alimentar muchos más autos eléctricos y el cambio climático predice la necesidad básica de contar con aires acondicionados en las viviendas y oficinas, lo cual hará que el consumo eléctrico aumente. Pero el factor fundamental de cambio de consumo eléctrico es precisamente la mejora económica. En efecto, cuando un país pasa de una economía primaria-extractiva hacia una secundaria-manufacturera, dentro de los límites al crecimiento está la disponibilidad de energía eléctrica a precios razonables.
En este panorama el sistema eléctrico nacional debe operar como una plataforma, de la misma manera que internet es un camino para que proveedores y consumidores de ideas puedan intercambiarlas de manera rápida y eficiente. Pero una cosa es que se tenga que garantizar el acceso a la conectividad y otra muy distinta es que la plataforma no pueda expandirse a la velocidad que los cambios requieren y por lo tanto se convierta en la camisa de fuerza de la expansión económica.
¿Qué es mejor, una empresa pública o una empresa privada como plataforma eléctrica? Esta pregunta genera debate en México, donde las bondades de una u otra forma de organización siguen trayendo opiniones, muchas veces emocionales. El concepto de rectoría del estado en materia energética se da a través de las normas y reglas de operación, y no desaparece con una privatización. ¿Qué traería una privatización en México? El resultado sería muy similar al que vivimos con la situación actual, pues no sería eficiente, porque el problema es el monopolio.
A diferencia de internet, donde nadie puede decir que tiene el control y lo administra plenamente, la CFE en México es un monopolio gigante, antiguo e ineficiente que nos cuesta a todos los mexicanos en nivel de vida y oportunidades. La forma para romper con ese esquema es una ley antimonopolio para la industria eléctrica, donde se rompa con los esquemas de un proveedor para todas las necesidades eléctricas y en su lugar se puedan fijar los precios con base a criterios claros como podrían ser regulación por precios promedios en los mercados internacionales y permitir la competencia en producción y en distribución de energía, limitando su participación solo al negocio de transporte, ahí donde CFE tiene mayores ganancias, que por obligación, debería compartir con todos los mexicanos de manera directa.
Hay alternativas para modernizar el sistema eléctrico, pero el momento de cambio de timón es ahora ¿Será que los representantes en México comprenden lo que está en juego?— Mérida
Doctor en análisis estratégico y desarrollo sustentable por la Universidad Anáhuac campus Mayab
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