El crecimiento en el uso de tarjetas de crédito ha estado acompañado por un aumento en los niveles de morosidad de los usuarios, señaló estudio
El crecimiento en el uso de tarjetas de crédito ha estado acompañado por un aumento en los niveles de morosidad de los usuarios, señaló estudio

CIUDAD DE MÉXICO (El Universal).— La morosidad y las deudas de tarjetas de crédito que los bancos privados dieron por perdidas alcanzaron en junio su mayor nivel de los últimos cuatro años y medio, en un contexto de fuerte crecimiento del financiamiento al consumo.

El Índice de Morosidad Ajustado (Imora) de las tarjetas llegó a 13.7% de la cartera, su registro más elevado desde diciembre de 2021, de acuerdo con datos de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV).

El indicador considera tanto la cartera vencida como los créditos castigados por los bancos durante los últimos 12 meses, por lo que ofrece una medición más amplia del deterioro de los financiamientos.

El aumento de la morosidad ocurre mientras continúa el dinamismo en el uso de tarjetas. Al cierre de junio, la cartera de estos créditos sumó 735 mil millones de pesos, 8.2% más que en igual mes de 2025.

Rodolfo Ostalaza, analista de Banamex, señaló que el financiamiento bancario total creció 3.2% en junio, por encima del avance de 1.7% registrado en mayo. El resultado fue impulsado principalmente por el crédito al consumo, que aumentó 7.6%.

Dentro de ese segmento, los préstamos automotrices crecieron 11.6% y los saldos de tarjetas, 8.2%. El crédito hipotecario avanzó 1.5%, mientras el financiamiento destinado a empresas aumentó 1.3%.

Tendencia a la alza

La morosidad del crédito al consumo también mantuvo una tendencia al alza: pasó de 3% en junio de 2025 a 3.3% este año. Los préstamos personales registraron el índice más elevado, con 5.2%, seguidos de los microcréditos, con 4.7%. En tarjetas, el indicador aumentó de 3.3% a 3.6%.

Gabriela Siller, economista en jefe de Banco Base, consideró que el rápido crecimiento del crédito al consumo explica parte de este deterioro.

Aunque descartó que la morosidad se encuentre en niveles que impliquen una crisis, advirtió que el ritmo del crédito difícilmente será sostenible en los próximos meses ante el debilitamiento económico, la menor generación de empleo formal y la pérdida de poder adquisitivo de las remesas.