Arturo Beltrán Leyva, aliado con el Cártel de Sinaloa, operó huachicol fiscal en Progreso, Yucatán, con generales del Ejército, en el gobierno de Calderón
Puerto Progreso, Yucatán, fue operado por el Cártel de Sinaloa, según testimonios

“El Grande” confesó que Arturo Beltrán Leyva, alias “El Barbas”, operó en Puerto Progreso, Yucatán, así como en otros puertos del país, de la mano de grandes generales del Ejército mexicano, entre ellos un secretario de la Defensa Nacional, durante el gobierno de Felipe Calderón, señala el periodista Héctor De Mauleón.

En ese tiempo Beltrán Leyva trabajaba en alianza directa con Joaquín “El Chapo” Guzmán e Ismael “El Mayo” Zambada, del Cártel de Sinaloa.

El también analista indica que las revelaciones del narcotraficante Sergio Villarreal, “El Grande” fueron recopiladas en el nuevo libro Narcocracia de Anabel Hernández, a quien la periodista vio por primera vez en la Corte del Distrito Este de Nueva York.

Sergio Villarreal, “El Grande”
Sergio Villarreal, “El Grande”

¿Quién es Sergio Villarreal, “El Grande”?

“El Grande” era un expolicía judicial federal —cooptado por Amado Carrillo, “El Señor de los Cielos”— que llegó a convertirse en brazo derecho del poderoso y sanguinario Arturo Beltrán Leyva, jefe del clan criminal que conquistó el Pacífico y se echó en la bolsa a policías federales, estatales y municipales.

Según el relato de Sergio Villarreal que refiere Héctor de Mauleón, “El Barbas” extendió su poderío “de la mano de grandes generales del Ejército mexicano: entre ellos, el secretario de la Defensa Nacional en tiempos de Felipe Calderón, Guillermo Galván Galván”.

Cabe recordar que “El Grande” fue el principal testigo en el juicio en Estados Unidos contra el exsecretario de Seguridad de Calderón, Genaro García Luna.

La importancia del testimonio del narcotraficante, detenido en septiembre de 2010 que ya había cumplido su sentencia, es porque los fiscales, cuenta Hernández, “verificaron su información y la consideraron lo suficientemente sólida para convertirlo en testigo protegido”.

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Posteriormente, una vez terminado el juicio del exsecretario la periodista se reunió con Villarreal, añade el periodista especializado en narcotráfico y crimen organizado en su artículo para El Universal.

“El crimen organizado dejó de infiltrarse en el Estado para convertirse en parte de él”

Fue “El Grande” quien habló por primera vez del financiamiento del Cártel de Sinaloa a la campaña de Andrés Manuel López Obrador en 2006.

Según lo que platicó, en 2024, mientras intentaba rehacer su vida, decidió romper el pacto de silencio para contarle a Anabel Hernández la manera en que el Cártel de Sinaloa se apoderó de México, mediante la compra de corporaciones policiacas, cuarteles militares, políticos, funcionarios y gobiernos.

“Este libro trata de cómo el crimen organizado dejó de infiltrarse en el Estado para convertirse en parte de él”, subraya.

Arturo Beltrán Leyva operó en aduana de Progreso para el Cártel de Sinaloa

El testimonio contenido en el libro es explosivo, sostiene De Mauleón, y lo explica que “El Grande” afirma que, “durante el sexenio de Calderón, con García Luna como secretario de seguridad, Ardelio Vargas Fosado como director del Centro Nacional de Planeación, Análisis e Información para el Combate a la Delincuencia (Cenapi), y el general Galván Galván como secretario de la Defensa Nacional, el Cártel de Sinaloa llegó a la cima de su poder”.

Arturo Beltrán Leyva trabajaba entonces con el Cártel de Sinaloa, cuya relación se rompió después tras la captura de su hermano Alfredo Beltrán Leyva (“El Mochomo”), los hermanos culparon a “El Chapo” de traición

“Teníamos arreglados los puertos de Manzanillo, en Colima; Puerto Progreso, en Yucatán; así como Mazatlán, en Sinaloa; los aeropuertos de la Ciudad de México y Toluca, así como los de Cancún, Quintana Roo y Tapachula, Chiapas”, confesó “El Grande” a la periodista.

Aunque eso ocurrió durante el gobierno de Calderón, las operaciones de grupos criminales se extendieron por más tiempo en Puerto Progreso, ya que una investigación del Ejército mexicano reveló que 2022 se operaron actividades relacionadas con el “huachicol fiscal” y el contrabando de pepino de mar, en esta zona del Golfo de México

Asimismo, una investigación de El País de septiembre de 2025 ubicó a la aduana de Progreso, Yucatán, entre las 21 aduanas de 13 estados de México con actividad sospechosa de contrabando de combustible, mejor conocido como huachicol fiscal.

La aduana de Progreso, Yucatán, está bajo sospecha de contrabando de combustible, o huachicol fiscal, revela investigación de El País.
La aduana de Progreso, Yucatán, está bajo sospecha de contrabando de combustible, o huachicol fiscal, revela investigación de El País.

Arturo Beltrán pagaba a García Luna hasta 5 millones de dólares

Dice que los pagos de Arturo Beltrán a García Luna ascendían a 5 millones de dólares mensuales, y que de manera paralela se hacían pagos a los jefes regionales de la AFI y la Policía Federal.

“Cuando entra él (Galván Galván) se nos abren todas las puertas del Ejército”, explica.

Según la narración de “El Grande” que indica De Mauleón, el general se había hecho amigo de Beltrán desde que era jefe de la zona militar de Querétaro.

“No trabajaba para el Cártel de Sinaloa, trabaja pa’ Arturo… Se reconectaron al inicio del gobierno de Calderón por medio de su hermano Héctor, ‘El H‘”.

Las reuniones entre el general y el narcotraficante, dice “El Grande”, se llevaron a cabo en casas de seguridad de la Ciudad de México, el Pedregal y Cocoyoc. Se le entregaban también 5 millones de dólares al mes.

“Normalmente, cuando el general iba a ver a Arturo dejaba a sus escoltas en un centro comercial y de ahí lo llevaban a la oficina. No tenía miedo. Eran amigos y nosotros éramos los más interesados en que estuviera bien y seguro.

“Cuando ya se iba le subían su maletota de dinero al carro y de ahí lo llevaban de regreso al estacionamiento donde estaban sus escoltas esperándolo. Se transbordaba la maleta y se iban”, narró “El Grande”, según el testimonio recogido en el nuevo libro de Anabel Hernández.

Agrega “El Grande”:

“Cada vez que Galván iba había comida. Generalmente iba un sábado… No iba uniformado.

“Siempre lo vi vestido de civil, con pantalón de vestir, camisa elegante de manga larga, saco sport y buenos zapatos.

“Ya luego de que comían se ponían a jugar ajedrez o baraja (…) Una vez le regalé a mi compadre (Arturo) un ajedrez de oro y plata con tablero de ónix blanco y negro. ¡Todo labrado! Cada pieza era de oro o plata macizos (…)

“Cuando el general lo vio le gustó mucho y le dijo a Arturo que le regalara uno igual (…) Le mandé hacer otro para que se lo diera a Galván. Me costó en ese tiempo como 100 mil dólares”.

Héctor de Mauléon apunta que el testimonio donde hablan involucra a varios generales.

“Esa es solo una de las aristas de un relato que se extiende a lo largo de cuatro sexenios y que ‘El Grande’ no solo entregó a Hernández, sino también a los fiscales que construyen el caso contra la narcopolítica mexicana”.