
La educación no es la respuesta a la pregunta, pero es la herramienta que nos permite dar respuesta a todas las preguntas.
Lo cierto es que, al abordar este tema, suele haber un consenso respecto de la importancia de apostar por la educación para construir una sociedad más pacífica y con un mayor potencial de desarrollo.
Más aún, cuando hace algunos años, se le preguntó al ex primer ministro de Reino Unido, Tony Blair, cuáles serían sus tres propuestas para tener un buen gobierno, el respondió con firmeza: “educación, educación y más educación”.
Ahora bien, desde luego, el ámbito educativo es sumamente complejo y son muchos los elementos por considerar, tales como la fuerza docente, la infraestructura escolar y los planes académicos.
Es verdad que mucho se ha avanzado en las últimas décadas en materia de educación, aunque, sin duda, son numerosas las asignaturas pendientes en las cuales tenemos que trabajar.
El compromiso por parte de las y los profesores será determinante, así como la implementación de políticas educativas de vanguardia.
En efecto, se han desplegado esfuerzos significativos, pero el conseguir los estándares deseados de calidad educativa, dependerá del seguimiento oportuno al alumnado y una visión de inclusión auténtica.
Como decía Nelson Mandela: “La educación es el arma más poderosa para transformar el mundo”.
Por ello, debemos revalorizar el papel de la educación como base para comenzar a trazar un mejor futuro.
