
El ex secretario general de la ONU, Ban-Ki Moon, aseguró con firmeza hace algunos años: “somos la primera generación capaz de poner fin a la pobreza, y la última con la oportunidad de impedir una catástrofe ocasionada por la crisis medioambiental”.
Sin duda, los enormes retos que enfrentaremos como humanidad en este siglo, exigen de un esfuerzo coordinado entre países, pues muchas de las problemáticas que nos aquejan no reconocen de fronteras ni nacionalidades.
Aunque, ciertamente, ha habido importantes progresos en diversos ámbitos, hay asignaturas pendientes por atenderse si es que aspiramos a tener un mundo justo, igualitario y viables para las futuras generaciones.
Con base en estas consideraciones, en 2015 todas las naciones que conforman el sistema ONU, asumieron el compromiso por trabajar de manera colaborativa en torno a puntos concretos de acción.
Así, nace la Agenda 2030, como un plan estratégico para la implementación de políticas públicas integrales que permitan avanzar a nivel global, hacia un desarrollo sostenible.
Compuesta por 17 objetivos y 169 metas puntuales con plazos estipulados, la Agenda 2030 se propone transformar el actual paradigma de la cooperación internacional y la visión de la administración pública entre los distintos países.
Los objetivos de desarrollo sostenible deben ser asimilados con responsabilidad, optimismo y entusiasmo por todas y por todos.
