KIEV, Ucrania (AP).— Un mes de guerra y aún desafiante. Con su gobierno todavía en pie y sus tropas superadas en número pero enfrentándose a las fuerzas rusas en duros combates en varios lugares, Ucrania está herida, marcada y en duelo por sus muertos, pero lejos de estar vencida, y se prepara para un segundo mes de bombardeos, combates, bajas y resistencia.

En la víspera de que se cumpliera un mes de iniciado el conflicto, el presidente estadounidense, Joe Biden, se dirigía ayer a Europa para consultar con sus aliados sobre maneras de evitar que la invasión rusa de Ucrania degenere en una catástrofe aun peor.

En un viaje de cuatro días que lo llevará a Bruselas y Varsovia, Biden pondrá a prueba su capacidad de navegar la peor crisis en Europa desde la Segunda Guerra Mundial.

Mientras tanto crecen los temores de que Rusia pueda recurrir a armas químicas o nucleares si sus fuerzas se ven empantanadas ante la feroz resistencia ucraniana e incapaces de lograr una victoria relámpago.

“Creo que esa es una amenaza real”, declaró Biden a reporteros en la Casa Blanca antes de partir, en referencia a la posibilidad de que Rusia use armas químicas.

Campaña atorada

Cuando Rusia emprendió el 24 de febrero pasado su invasión y planteó la posibilidad de una escalada nuclear si Occidente intervenía, parecía posible que el gobierno elegido de forma democrática de Ucrania fuera depuesto con rapidez.

Pero ayer se cumplían cuatro semanas completas de combates y en lugar de eso, Rusia estaba atorada en una campaña militar cada vez más incierta, costosa y de desgaste, con un número desconocido de muertos, sin final inmediato a la vista y asediada por sanciones occidentales que castigan su economía y su moneda.

Retrasado en varias ocasiones por ataques rápidos de unidades ucranianas con armas occidentales, la tropa rusa ataca desde lejos y adopta tácticas que utilizó antes para reducir a ruinas ciudades de Siria y Chechenia.

Los principales objetivos estratégicos rusos siguen sin alcanzarse: la capital, Kiev, ha sufrido ataques reiterados pero no ha sido tomada ni siquiera rodeada.

Explosiones y ráfagas de disparos remecieron la capital ayer y columnas de humo se elevaban desde los suburbios al oeste, donde continuaba la lucha por el control de las afueras.

 

Un centro comercial y varios edificios fueron alcanzados y cuatro personas resultaron heridas, según el gobierno local.

En el sur, la ciudad portuaria de Mariúpol ha sufrido la peor devastación en la guerra, tras semanas de asedio y bombardeos. Por ahora, las defensas ucranianas han impedido su caída. Eso ha frustrado el objetivo ruso de abrir otra conexión terrestre permanente con la península de Crimea, que se anexionó de Ucrania en 2014.

El presidente de Ucrania, Volodímyr Zelenski, calculó que unos 100,000 civiles permanecían en Mariúpol, que ha sufrido ataques desde tierra, mar y aire. Los que lograron salir describieron una ciudad destruida.

“Nos bombardearon durante los últimos 20 días”, dijo Viktoria Totsen, de 39 años, que huyó a Polonia. “Durante los últimos cinco días, los aviones volaban sobre nosotros cada cinco segundos y lanzaban bombas en todas partes, en edificios residenciales, guarderías, escuelas de arte, en todas partes”.

En el mensaje en video que envía cada noche a la nación, Zelenski acusó el martes a las fuerzas rusas de bloquear la caravana de ayuda pese a que la ruta se había acordado con antelación.

“Intentamos organizar corredores humanitarios estables para los habitantes de Mariúpol, pero casi todos nuestros intentos, por desgracia, se ven frustrados por los ocupantes rusos, por proyectiles o por terror deliberado”, dijo Zelenski.

El responsable del Comité Internacional de Cruz Roja viajó ayer a Moscú y esperaba reunirse con funcionarios rusos de Exteriores y Defensa para hablar sobre prisioneros de guerra, la conducta en los combates, la entrega de ayuda y otras cuestiones humanitarias.

“La devastación provocada por el conflicto en las últimas semanas, junto con ocho años de conflicto en el Donbás, ha sido inmensa”, dijo Peter Maurer, presidente del CICR.

Las fuerzas rusas también destruyeron un puente en la cercada ciudad de Chernígov, que se utilizaba para permitir la salida de la población civil y la llegada de la ayuda humanitaria, según el gobernador de la región, Viacheslav Chaus. Las autoridades de Chernígov dijeron el martes que la ciudad no tenía agua ni electricidad y calificaron la situación de desastre humanitario.

 

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