WASHINGTON (AP).— No es el fin del mundo. Aunque lo parezca. El cambio climático va a empeorar. Sin embargo, por pesimistas que sean los más recientes estudios científicos, entre ellos el nuevo informe de Naciones Unidas, los expertos coinciden en que es posible combatir el calentamiento global.

La ciencia dice que no le ha llegado la hora al planeta ni a la humanidad. Se puede evitar lo peor si se actúa pronto, afirman.

Tras décadas de tratar de concienciar al público, movilizar a los gobiernos para que tomen medidas y combatir a los sectores que no creen en la ciencia, los investigadores deben librar una nueva batalla: el “fatalismo”. La sensación de que no hay nada que hacer y que no tiene sentido intentar contener el calentamiento global. Es la razón por la que muchos jóvenes declaran que no van a tener hijos.

Jacquelyn Gill, científica de la Universidad de Maine, nota que cada vez menos gente le dice que el cambio climático no es real y más, “a la que le decimos ‘fatalistas’, que creen que ya no hay nada que hacer” para salvarse.

Enfatiza que no es cierto.

“Me niego a escribir el obituario de algo que sigue vivo”, declara en alusión a nuestro planeta. “No hemos llegado a un punto sin retorno. Pero cuesta hacérselo entender a la gente”.

El fatalismo “es sin duda un fenómeno real”, expresa Susan Clayton, profesora de Psicología del Wooster College y quien estudia los estados de ansiedad asociados con el cambio climático. “Es una forma de decir: ‘No hace falta tomar medidas porque no hay nada que hacer’”.

Gill y otros seis científicos no niegan los daños que la acumulación de gases está ocasionando al clima. Sin embargo, los especialistas insisten en que la situación no es desesperada.

Va a ser peor

“Todo el mundo sabe que las cosas van a empeorar”, reconoce Jennifer Francis, perteneciente al Centro de Investigaciones Climáticas Woodwell. “Podemos hacer muchas cosas para no llegar al peor escenario posible”.

El Panel Intergubernamental de la ONU sobre el Cambio Climático acaba de emitir su tercer informe en seis meses. Los primeros dos se enfocaron en lo grave que es el calentamiento y el daño que causa a la gente y los ecosistemas, en tanto que el tercero explica hasta qué punto los desajustes dependen de los combustibles fósiles que quemamos.

Indica que el mundo continúa avanzando en la dirección equivocada en su lucha contra el cambio climático, con nueva inversión en infraestructura para explotar los combustibles fósiles y más deforestación para cultivar la tierra.

“No están diciendo que estamos condenados a un futuro de destrucción y creciente miseria”, subraya Christiana Figueres, exsecretaria del panel de la ONU dedicado al clima, que ayudó a elaborar el Acuerdo de París de 2015 y ahora dirige la organización Global Optimism (Optimismo Global).

“Lo que están diciendo es que ‘el camino actual es un atlas de la miseria’, hacia una creciente destrucción. Pero no tenemos que elegir eso. Ése es el elemento que siempre queda al margen de la conversación”, admite.

Inger Andersen, directora del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, señala que informes como el de la ONU tratan de alentar al mundo a hacer algo para mitigar lo que la ciencia describe como una crisis. Al mismo tiempo, no se quiere generar parálisis en la gente por pensar que todo está perdido.

“No estamos condenados, pero es vital actuar rápidamente”, sostiene. “Cada mes o cada año que pasa y no hacemos algo el cambio climático se torna más complejo, más costoso y más difícil de resolver”.

“El mensaje es que las actividades de los seres humanos crearon este problema y que los humanos pueden resolverlo”, apunta James Skea, uno de los autores del nuevo informe. “No está todo perdido. Todavía podemos hacer algo”.

Son peores

“No estamos hablando del fin de la civilización”, alerta Michael Mann, científico de la Universidad Estatal de Pensilvania, quien piensa que el fatalismo es una amenaza peor que aquélla de los que niegan que el calentamiento global comprometa el futuro del planeta.

Opina que algunas personas, organizaciones y empresas que negaban el cambio climático ahora promueven la idea de que es muy tarde para contenerlo.

Francis, la experta del Centro Woodwells, pionera en el estudio de los hielos del Ártico, expresa que, si bien no habrá hielo en el Ártico en el verano de 2050, se exageran los efectos del fenómeno.

La gente de la zona se verá muy afectada, mientras que “el resto de nosotros experimentará un calentamiento y crecida de los mares acelerados, desajustes en los fenómenos climáticos y climas extremos, pero la mayoría de las comunidades se adaptará de un modo u otro”.

“Bajo ningún concepto se puede decir que la raza humana se extinguirá para 2026”, puntualiza.

Podría ser imposible evitar que no haya hielos en el Ártico en verano, pero Francis cree que con las nuevas tecnologías y una reducción en las emisiones “tenemos posibilidades reales de prevenir otros escenarios catastróficos”.

Clayton apunta que, “no importa qué tan mal se pongan las cosas, siempre podrían estar peor”.

“No es lo mismo algo malo que la peor de las posibilidades. Eso es algo muy tranquilizante”.

 

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