KIEV, Ucrania (AP).— Rusia arremetió ayer con su poderío militar contra ciudades y pueblos de Ucrania, y llevó más tropas al conflicto en un intento de dividir el país en dos en una batalla que resultaría decisiva por el control del corazón industrial en el este de Ucrania, que alberga fábricas y minas de carbón.

Los combates se producían en un largo frente con forma de arco de cientos de kilómetros, en la región conocida como el Donbás.

Si tiene éxito, la campaña le dará una victoria al presidente de Rusia, Vladimir Putin, tras el intento fallido de tomar con rapidez la capital, Kiev, y unas pérdidas mayores de lo previsto.

En Mariúpol, una devastada ciudad portuaria en Donbás, tropas ucranianas dijeron que el Ejército ruso dejó caer grandes bombas para allanar lo que quedaba de una gran planta siderúrgica, que se cree es el último bastión de los defensores de la ciudad, y atacó un hospital que albergaba a cientos de personas.

El Estado Mayor ucraniano indicó ayer que Rusia sigue montando ofensivas en varios puntos del este del país mientras sus fuerzas buscaban puntos débiles en las líneas ucranianas.

La derrota de los últimos defensores de la planta siderúrgica de Azovstal, en Mariúpol, seguía siendo la principal prioridad de Moscú, según el comunicado del Estado Mayor.

La viceprimera ministra, Iryna Vereshchuk, señaló que había un acuerdo “preliminar” para habilitar un corredor humanitario para que para mujeres, niños y ancianos salieran de Mariúpol hacia el oeste, a la ciudad de Zaporiyia, controlada por Kiev.

Los civiles en el puerto estratégico sufren una “catastrófica situación humanitaria”, en un comunicado en la app de mensajería Telegram.

El alcalde de Mariúpol, Vadym Boychenko, insta a los ancianos a salir de la ciudad. “No tengan miedo y váyanse a Zaporiyia, donde podrán recibir toda la ayuda que necesitan —comida, medicamentos, productos básicos— y lo principal, que es que estarán seguros”, dijo en un comunicado emitido por el consejo de la ciudad.

Según Boychenko, en el desalojo se emplearán buses y habrá tres puntos de recogida, uno de ellos cerca de la acería de Azovstal.

Muchas operaciones previas dependían de que los civiles pudiesen salir en autos particulares luego del fracaso de los esfuerzos por llevar buses a la ciudad.

Vereshchuk había dicho antes que en los tres últimos días no se había acordado una ruta de salida de Mariúpol con Rusia. Moscú no confirmó la operación de inmediato y envió un nuevo ultimátum a los defensores ucranianos para que se rindieran. Llamadas anteriores a la capitulación fueron ignoradas.

El Ministerio ruso de Defensa dijo que quienes se rindan conservarán la vida y tendrán atención médica. Las tropas ucranianas insisten en que no se rendirán.

Ucrania y Rusia se han acusado mutuamente de obstruir los desalojos desde la ciudad o de disparar a lo largo del recorrido.

Piden más armas

En Bruselas, el alcalde de la ciudad ucraniana de Melitópol, Iván Fiódorov, quien fue secuestrado al inicio de la guerra por el Ejército ruso, y otros representantes de la Rada (Parlamento de Ucrania) clamaron ayer ante la Eurocámara por más ayuda militar al país y sanciones contra Rusia para acabar con la “guerra planetaria” que libra Moscú contra Kiev.

“No se trata de un conflicto que se esté librando contra Ucrania, se está librando contra el mundo entero. Es una guerra planetaria que inició (el presidente ruso, Vladímir) Putin en 2014 y que en 2022 decidió pasar al nivel superior”, alertó Fiódorov ante la Comisión de Exteriores del Parlamento Europeo.

En una concisa y emotiva intervención presencial, el alcalde de Militópol instó a “estar unidos” para lograr una victoria ucraniana porque esta guerra “es una auténtica amenaza”, ya que “si no se hacen las cosas a tiempo, los países europeos corren el riesgo de tener también una guerra en sus fronteras”.

 

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