ANKARA.- El peligro de epidemias comienza a amenazar a las 10 provincias del sureste de Turquía golpeadas por el sismo del lunes 6 de febrero, una amplia zona en la que viven 13 millones de personas y en la que los servicios básicos han quedado muy dañados.

Según coinciden los especialistas, los aseos portátiles son una necesidad prioritaria, hay una terrible escasez de todos los materiales de higiene, no hay agua y decenas de miles de personas se encuentran a la intemperie bajo un frío glacial.

“Uno de los problemas más importantes son los aseos portátiles. La situación de las mujeres es especialmente difícil. También es una necesidad esencial para el personal de rescate“, señala el diario Hurriyet, que denuncia la falta de material de higiene, medicinas y otros bienes básicos.

Onder Isleyen, miembro de la directiva de un pequeño partido de izquierda, señala por teléfono a Efe desde el distrito de Defne, en la provincia de Hatay, una de las más afectadas, que teme que pronto pueda darse una epidemia.

En Hatay denuncia que la situación no ha cambiado en los últimos días, no hay ningún tipo de organización y critica que pese a que abundan los voluntarios, no hay equipamiento ni materiales.

“La desesperación es total. No hay tiendas, ni material de limpieza, ni aseos. Esto es un peligro para la salud pública“, explica.

Isleyen indica que los trabajos de rescate se concentran en las zonas céntricas de las ciudades, pero que las ayudas han llegado con cuentagotas a otras áreas periféricas o a localidades pequeñas.

“Las obras se concentran en las calles principales y los lugares céntricos. A medida que uno se desplaza a calles secundarias, ves que los trabajos disminuyen y que las víctimas del terremoto, cuyos familiares se encuentran entre los escombros, suplican por encontrar grúas, equipos especializados y excavadoras“, señala.

Aunque los trabajos de rescate continúan, las posibilidades de encontrar a supervivientes se desvanecen cada minuto que pasa y el número de muertos asciende ya a 20,665, con más de 80,000 heridos.

Roban ”por necesidad”

En medio de la desesperación también se registran problemas de seguridad. Los medios turcos han informado de la detención de una veintena de saqueadores y señalan que hubo personas que bloquearon carreteras para robar el contenido de los camiones con ayudas.

Algunos ciudadanos de la zona aseguran que debido a que las tiendas están cerradas y escasean algunos alimentos no tienen otra alternativa que robarlos.     En la zona existen además problemas de comunicaciones tanto con internet como con el teléfono.

Denuncian que las ayudas no llegan a muchas pequeñas localidades turcas

 La ayuda y los equipos de rescate se han centrado en las grandes ciudades, pero en Turquía hay  un gran número de localidades pequeñas a las que todavía no ha llegado ninguna ayuda.

El devastador terremoto del pasado lunes sacudió una enorme zona del sureste de Turquía, de un tamaño mayor que la superficie de Portugal, y el alto grado de destrucción, incluidas infraestructuras básicas, dificulta la distribución de ayuda.

Además, el mal estado de muchas carreteras de montaña ya antes del terremoto complica las comunicaciones.

“Tal vez es insuficiente pero la ayuda estatal y la de voluntarios llegó a las ciudades, pero casi nada ha llegado a miles de pueblos donde la gente está luchando por sobrevivir“, explica a Yilmaz Kurt, un médico especialista en urgencias.

Kurt se desplazó esta semana a la provincia de Kahramanmaras -donde se situó el epicentro de los terremotos- y montó él solo un hospital de campaña en la aldea de Alçiçek, desde donde describe a la dramática situación de muchos pequeños pueblos.  

“El mayor lujo aquí es una tienda que la gente levantó con lo que encontró y puso una estufa dentro. Una decena de mujeres, hombres y niños se refugian allí del frío glacial. Tienen suerte. Además tiene harina para cocer pan. Dan gracias a dios por lo bien que están“, describe el médico.

Kurt cree que la mortandad por el sismo en los pueblos más pequeños puede ser menor porque las construcciones tradicionales resistieron mejor, pero la situación después del desastre entre los supervivientes es cada día peor por la falta de apoyo exterior.

“Las muertes por el terremoto son menores, seguro, debido a la menor población y a las casas de madera de una sola planta. Pero a medida que pasa el tiempo las condiciones de salud amenazan a la gente“, añade.  

En muchas localidades las viviendas han quedado inhabitables y no han llegado alternativas como tiendas de campaña, y además, la falta de agua y comida afecta también a los animales en estas pequeñas villas agrícolas.

“La mayoría de los graneros se han derrumbado. Aunque las autoridades afirman que no hay grandes pérdidas de animales, la falta de agua y pienso es un gran problema“, explica.

Pese a que más de 100,000 rescatistas y personal de emergencias trabajan en la zona, su enorme tamaño, el alto grado de destrucción, las más de mil réplicas registradas y el frío complican los trabajos.