WASHINGTON.— Un convulso capítulo de la historia de Estados Unidos que va de la guerra de Vietnam a la dimisión del presidente Richard Nixon, en 1974, por el escándalo del Watergate, quedó ayer un poco más cerca de su cierre con la muerte, a los 92 años, del activista y analista militar Daniel Ellsberg, legendario filtrador de los “Papeles del Pentágono”.

Ellsberg falleció en su casa de Kensington, California, según confirmó su familia en un comunicado.

En marzo había hecho público que padecía un cáncer de páncreas incurable, informó “El País”.

Ellsberg, quien trabajó para el Departamento de Defensa de Estados Unidos, filtró en 1971 los “Papeles del Pentágono” al “The New York Times”, en los que se reveló que el gobierno del presidente Lyndon B. Johnson (1963-1969) engañaba a la ciudadanía sobre la guerra de Vietnam y sabía que no podía ganar el conflicto.

La publicación de los famosos documentos tuvo un gran impacto mediático en la Unión Americana y aumentó la oposición de la ciudadanía contra la guerra.

 

 

 

Ellsberg fue a juicio acusado de espionaje, pero el juez declaró nulo el proceso en 1973 tras detectar que el gobierno había intervenido el teléfono del acusado, entre otras irregularidades.

Informe

El analista formó parte del equipo del Pentágono al que el entonces secretario de Defensa, Robert McNamara, encargó en 1967 elaborar un informe sobre la guerra de Vietnam.

A medida que aumentaba la oposición al conflicto, Ellsberg, un pacifista convencido, comenzó a sacar de la oficina copias de los llamados “Papeles del Pentágono”, un informe de más de 7,000 páginas, que fue entregado al periodista Neil Sheehan del “New York Times”.

 

 

 

 

Después de que el “Times” empezara a publicar los documentos, la administración de Richard Nixon (1969-1974) logró una orden judicial para amordazar al periódico y frenar su difusión, de modo que Ellsberg comenzó a filtrarlos a otros medios de comunicación, como “The Washington Post”. Los periódicos lograron que el Tribunal Supremo les permitiera seguir la publicación, una decisión considerada histórica para la libertad de prensa de Estados Unidos.

 

 

En un principio a Nixon no le preocupó demasiado la filtración; después de todo, las revelaciones paraban antes de que él tomara posesión. Aun así, acabaron significando el principio de su fin cuando, incitado por su secretario de Estado, Henry Kissinger, se tomó como algo personal castigar a Ellsberg y ofrecer un ejemplo disuasorio a los que estuvieran tentados de tomar su mismo camino.

Watergate

Entonces decidió formar un equipo llamado los “fontaneros de la Casa Blanca” a los que dotó de financiación secreta para que detuvieran las filtraciones.

El aparato de espionaje se comportó como una bola de nieve que acabó con el allanamiento de la oficina de los demócratas en los apartamentos Watergate en Washington en 1972.

 

Aquel suceso dio origen a otra gran historia del periodismo moderno estadounidense, contada, entre otros, por Bob Woodward y Leonard Bernstein, reporteros de “The Washington Post”.

Atrapado por sus mentiras, Nixon acabaría dimitiendo en 1974.

Cómo se produjo la filtración de los “Papeles del Pentágono” fue un asunto que quedó durante medio siglo protegido por el pacto de confidencialidad entre el periodista y su fuente, hasta que Sheehan murió hace dos años.

Dejó instrucciones de que su diario de toda la vida publicara una entrevista hecha seis años antes en la que por fin contaba su historia:

Ellsberg, temeroso de las consecuencias de su decisión, solo le permitió leer los papeles, pero no llevárselos. Aprovechando una distracción de éste, el reportero acabó sacándolos del apartamento del filtrador en Boston, y reunió a un creciente equipo de periodistas en un hotel de Nueva York para que peinaran los informes para convertirlos en noticia.

Sheehan no fue quien desveló la identidad de Ellsberg, sino que éste acabó entregándose a las autoridades.

Kissinger, que en otro tiempo fue su amigo y que le sobrevive, lo definió como “el hombre más peligroso de Estados Unidos”.— El País/EFE

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