KANSAS CITY, Missouri (AP).— April Coleman pasó el domingo retozando en la calle con familiares y amigos, repartiendo cuentas verdes en el desfile del Día de San Patricio en Kansas City, Missouri, y dijo que no dejaría de hacerlo sólo porque el mes pasado hubo un tiroteo letal en otro evento masivo.
Un mitin en honor a los Chiefs de Kansas City, campeones del Super Bowl, fue trastocado cuando dos grupos de personas comenzaron a dispararse entre sí, causando la muerte de una madre de dos hijos y heridas a unas dos docenas de personas más, la mitad de ellas menores de 16 años.
April Coleman reconoció que, aunque no ha olvidado el tiroteo, tampoco pensó en faltar al desfile del Día de San Patricio.
“No quiero vivir mi vida con miedo”, dijo. “Todavía quiero salir y divertirme con gente buena”.
Esta vez, las cosas se mantuvieron en calma bajo una fuerte presencia policial. Alayna Gonzalez, portavoz de la policía, indicó que sólo dos personas fueron arrestadas, ambas por delitos no violentos.
Erin Gabert, del comité organizador del desfile, dijo que el tamaño de la multitud parecía ser algo menor este año, pero no estaba claro si eso se debía a que la gente todavía tenía miedo después del tiroteo, o a si el clima fresco y ventoso la mantenía alejada.
Una carroza arrastrada por un camión traía un cartel en el frente que decía: “Kansas City fuerte”.
Los organizadores del desfile y la policía fueron diligentes con la seguridad.
Alayna Gonzalez dijo que había 400 agentes en el lugar. Hubo uniformados a lo largo de la larga ruta del desfile, y muchos más vestidos de civil mezclados entre la multitud, en la que predominaba el color verde.
Otros agentes observaban desde los tejados. Un helicóptero de la policía sobrevolaba la zona. Sin embargo, el tiroteo durante el desfile del Super Bowl demostró que existen limitaciones en lo que se puede hacer para detener un brote repentino de violencia.
Unos 800 agentes estaban en las calles ese día cuando se escucharon los disparos hacia el final del evento el 14 de febrero.
