NUEVA YORK (AP).— El buque escuela Cuauhtémoc, perteneciente a la Marina mexicana, protagonizó un grave accidente en Nueva York al chocar contra el emblemático Puente de Brooklyn mientras maniobraba en condiciones marítimas adversas. La marea acababa de cambiar, generando una corriente fuerte que, junto con vientos intensos, complicó la navegación en el estrecho y curvo canal del East River.

Estas circunstancias exigían pericia absoluta de la tripulación, ya que cualquier error puede resultar costoso en un puerto tan complicado como el neoyorquino.

El choque del buque, de 90 metros de eslora, dejó un saldo trágico: dos marineros fallecidos y 19 heridos, algunos de gravedad. Los tres mástiles del barco cayeron como fichas de dominó al impactar con el puente, en una escena que conmocionó tanto a los testigos como a las autoridades.

Aunque aún no se determina la causa oficial del siniestro, la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte ya inició una investigación que podría tardar varios meses en arrojar conclusiones definitivas.

Videos captados por transeúntes muestran al buque retrocediendo a gran velocidad antes de golpear el puente, lo que ha llevado a especialistas a suponer que el capitán perdió el control del motor.

¿Retiro anticipado?

También se investiga si el remolcador de escolta, que inicialmente ayudó en la maniobra, se retiró antes de tiempo. Esta posible retirada prematura podría haber dejado al barco sin el control necesario justo cuando comenzaba a ser arrastrado por la corriente.

Situaciones similares ocurrieron en un accidente reciente en Baltimore.

El historiador marítimo y exmarino mercante Sal Mercogliano, con experiencia navegando barcos en el puerto de Nueva York, afirmó que se conjugaron varios “peores escenarios”: gran altura del buque, fuerte corriente, viento en contra y la retirada de una escolta de remolcador que debió permanecer más tiempo. “Lo prudente habría sido salir dos horas antes, cuando la marea estaba bajando. Ese habría sido el momento ideal”, señaló Mercogliano, quien administra un blog de navegación seguido por expertos.

Pese a la magnitud del accidente, Mercogliano consideró que se evitó una tragedia mayor gracias al aparejo de acero del Cuauhtémoc, que impidió que los mástiles cayeran al agua.

Además, la disciplina de la tripulación ayudó a prevenir más víctimas: los marineros permanecieron amarrados en sus posiciones en lugar de intentar escapar precipitadamente, lo que pudo haber resultado en caídas mortales desde alturas equivalentes a 12 pisos. “Esto podría haber sido mucho peor”, subrayó el experto.

El buque se encontraba en plena gira internacional de buena voluntad, visitando 15 países. Había estado atracado durante varios días en el turístico South Street Seaport, recibiendo visitantes.

A las 8:20 p.m., mientras zarpaba rumbo a Islandia, ocurrió el impacto, que obligó a cerrar temporalmente el tráfico sobre el Puente de Brooklyn.

El alcalde Eric Adams informó que la estructura del puente, con 142 años de antigüedad, no sufrió daños significativos, aunque sí hubo una fuerte conmoción en la ciudad.

De los 277 marineros que iban a bordo, 19 necesitaron atención médica, y dos de los cuatro heridos graves fallecieron posteriormente.

La presidenta Claudia Sheinbaum expresó su pesar a través de un mensaje en X: “Nuestra solidaridad y apoyo van para sus familias”.

El Cuauhtémoc fue botado en 1982 y cuenta con un mástil principal de 50 metros, unos 9 metros más alto que el tramo central del puente, lo cual lo hace especialmente vulnerable a colisiones en esa zona.

No está claro si el capitán mexicano solicitó la asistencia de un piloto de muelle para ayudar con la compleja maniobra de salida. Sin embargo, como lo exige la ley, un piloto de puerto sí estaba a bordo del buque para guiarlo durante su tránsito.

Surge la duda

Según datos de Marine Traffic y videos tomados por testigos, el remolcador Charles D. McAllister, de 1,800 caballos de fuerza, ayudó inicialmente empujando suavemente al Cuauhtémoc mientras este retrocedía, pero luego se retiró cuando el buque aún no había completado su viraje. La empresa McAllister Towing, encargada del remolcador y presuntamente responsable del piloto de muelle, declinó hacer declaraciones tras el incidente.

La situación ha recordado el accidente del MV Dali en Baltimore, donde las autoridades endurecieron las normas portuarias, exigiendo escoltas de remolcadores y velocidades más lentas al cruzar bajo puentes. Aunque el Dali era mucho más grande y pesado, el caso del Cuauhtémoc evidencia que incluso barcos más ligeros requieren protocolos estrictos en zonas críticas.

Las investigaciones también deberán determinar si la tripulación mexicana realizó las revisiones técnicas obligatorias antes de zarpar, como la prueba de hélices, timón y sistemas de propulsión entre seis y doce horas previas a la salida. “No es como tu coche donde simplemente cambias de marcha”, advirtió Mercogliano, al referirse a la complejidad de operar una nave de este tipo.

Estos procedimientos son esenciales para evitar errores que, en escenarios como el del East River, pueden derivar en tragedias.

Varios testigos vivieron el accidente con angustia. Sydney Neidell y Lily Katz, quienes observaban el atardecer, relataron haber visto a un marinero colgando de un arnés por al menos 15 minutos antes de ser rescatado.

Otro testigo, Nick Corso, intentaba tomar una foto del barco con el puente cuando escuchó un crujido fuerte, seguido de varios más. “El pandemonio estalló a bordo”, describió, recordando cómo las personas comenzaron a correr al ver a marineros suspendidos de los mástiles. “No sabía qué pensar. Estaba como, ¿es esto una película?”, expresó.

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