El rabino Tamir Granot, cuyo hijo de 24 años murió alcanzado por un misil de Hizbulá en la frontera con Líbano en 2023, en su casa de Tel Aviv este mes. Credit: Avishag Shaar-Yashuv/The New York Times

Eran las 11 p. m. en Jerusalén, y una de las comunidades ultraortodoxas más aisladas de la ciudad estaba en una ola de protestas.

Cientos de hombres con trajes y sombreros negros de la comunidad Edah Haredit se inquietaban cada vez más a medida que un rabino de alto rango gritaba en yiddish desde un balcón y denunciaba al gobierno israelí por reclutar a los ultraortodoxos. Habían estado exentos del servicio militar para dedicarse al estudio religioso desde que Israel fue fundado, pero ahora se les necesitaba para la guerra en Gaza.

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